lunes, julio 13, 2009

Rayos de Luna

Hola a todos de nuevo en mitad de este calor infernal que nos trae este año el verano. Os traigo aquí un relato dos veces "no premiado" en los concursos a los que lo envié: el "XLI Certamen Literario Albaricoque de Oro" y el " I Certamen Literario UNED-Cartagena". No quiero decir con esto que me embargue el desánimo ni que tenga la calidad necesaria para declararse ganador, ni mucho menos; tan sólo quería haceros partícipes de la implicación que ha tenido este relato antes de ver la luz. Como decía en posts anteriores, estos relatos presentados a concurso están escritos exprofeso como medio motivador y ejercicio práctico mientras sigo con otros proyectos que nada tienen que ver con el relato. Así, sin más preámbulos, os dejo para que leáis, si estáis a bien hacerlo y el calor no os derrite y os lo impide, este relato. Besos y abrazos a quien corresponda.

RAYOS DE LUNA

Cuándo empieza un cuento y cuándo acaba la realidad es un misterio que muy pocas veces cuenta con un testigo fiable. Hay historias que se las acaba llevando el viento y otras tantas que guardan su forma bajo los entintados garabatos de una hoja arrugada; hay narraciones que deambulan en torno a una hoguera, adornadas con miradas hoscas y exclamaciones de aturdidos niños, y otras que se apagan con la luz que acuna a esos que sólo encuentran sus sueños en el pliegue de un libro. Hay tantas historias como narradores y tantos narradores como oídos estén dispuestos a escuchar y dejarse llevar por la fantasía de otros mundos o por la más cruda realidad de este planeta. Y, sin embargo, tan sólo hay un testigo impasible que, en ciertas ocasiones, mira con atención allá abajo, donde se forjan las vidas, y guarda para sí cada valioso secreto que se desprende de cada mortal. Ese mudo testigo de poesías y cuentos no es otro que la Luna.

Diosa Selene para sus eternos adoradores, nacarada faceta para románticos noctámbulos, ardiente cáliz para aquellos que se desgarran la piel y se tornan lobos... tantas caras tiene la Luna como amantes escondidos entre sombras. Muchos quisieron en todos los tiempos escalar la noche para alcanzarla con la punta de sus dedos estirados hacia el cielo y otros tantos lloraron su lejanía en el alfeizar de sus ventanas mientras el satélite derramaba sus delicados rayos sobre ciudades, mares y jardines, inundándolo todo de plata. Pocos, no obstante, fueron los que obviaron la magia de este cuerpo y contaminaron su grisácea superficie poniendo un pie sobre ésta. Y ella nunca protestó. Jamás alzó la voz para sentenciar al atrevido o calmar al condolido. Ella se quedó quieta y en silencio, menguando y creciendo y, a veces, para desazón de sus enamorados, desapareciendo del firmamento. Qué cruda se hace la noche tan oscura, sin esa luz mortecina alumbrando los recodos de esta infame Tierra. De cualquier manera, ella siempre está allí, la veamos o no, atendiendo a lo que aquí abajo ocurre.

Es por eso que solamente ella podía ver al protagonista de esta historia, una minúscula criatura que se valía de sus rayos, como si de hilos se tratase, para tejer los sueños de los mortales más jóvenes. Esa criatura era apenas más grande que un gato. No tenía patas, se movía arrastrando su panza en pequeños saltitos o apoyando sus manos de cien dedos en el suelo. Tenía un solo ojo que le cubría toda la cabeza; más le valía ser preciso en su ardua tarea de unir los hilos de plata y confeccionar los sueños, pues de lo contrario, las pesadillas más oscuras se sobrevendrían alimentando el miedo de los más pequeños y, era probable, incluso se asentaran fuertes fobias en sus vidas. Era el hilador un afanoso artista que no se contentaba con la normalidad de unos placenteros sueños y se esmeraba en dotar de mágica fantasía las noches de todos los durmientes. Pocos como él amaban tanto su trabajo. Sin embargo, toda luz tiene su contrapeso en la oscuridad y viceversa y no podía ser de otro modo que aquella criatura encontrara tarde o temprano su opuesto. Así pues, un día apareció la negrura, la sombra que ofuscaba los sueños deshaciendo lo tejido. Igual que el tejedor de sueños tejía fantasía, el deshilador arrebataba la luz de esas maravillosas telas y las convertía en pesados mantos de pánico, plagados de horribles espectros.

La Luna, impasible allá en las alturas, no podía hacer otra cosa que mirar con tristeza. El mismo semblante apagado con el que hoy mira el mundo es aquel con el que observaba en su órbita. Sintió como sus rayos se combaban, como se retorcían y acababan perdiéndose en la oscuridad de unas fauces temibles. El tejedor trató entonces de tejer más rápido, no dándose descanso y tomando su tarea con mayor diligencia que hasta entonces. Fue así que se convirtió en un ente nómada. En su afán de tejer sin descanso, hubo de correr alrededor del planeta para no perder ni uno solo de los rayos que la Luna ofrecía. Antes que se perdiera en el amanecer y mientras reaparecía al atardecer, el pequeño ser se arrastraba siguiendo la noche, huyendo del día. Y mientras, con menos brío y mayor eficacia, el deshilador, el creador de pesadillas, devoraba la luz y los sueños.

Era tanto el trabajo que tenía que hacer el pobre tejedor, que apenas sí tenía tiempo de recoger los hilos de plata. El tiempo para tejer fue menguando con tanta facilidad como lo hacía su amado astro. Se fue haciendo viejo y su velocidad fue también decreciendo. Aquella vida le estaba matando. Finalmente, sus pasos dejaron de ser tan veloces y el Sol acabó por pisarle los talones. Sintió las pesadillas más patentes y sus sueños más endebles. El rostro de la Luna, antes lleno de dulzura y amor, era el fiel reflejo de la tristeza misma. Cuando el tejedor murió, aquella cara jamás cambió. Por su parte, el creador de pesadillas rió tanto como pudo y colmó los sueños de los seres humanos con tantas crueldades como se le ocurrieron. Hasta que una intervención inesperada hizo que la voluntad de lo onírico tomase su propio camino. Así como la Luna tenía voluntad para alterar las mareas y provocar los más inverosímiles cambios en algunos de los moradores de la Tierra, también se pronunció a favor del pequeño tejedor fallecido. No pudiendo intervenir, impedida para actuar, simplemente forzó su brillo hasta el cansancio. La luz plateada que emitieron sus rayos fue más fuerte que la oscuridad y quemaron las entrañas de aquel ser ennegrecido por la maldad. Esas tinieblas se disiparon con la misma premura con la que habían aparecido. Sin embargo, ante la idea de que aquello podía haber salvado al pequeño hilador de sueños, su tristeza se hizo mayor que nunca y jamás su rostro volvió a sonreír. Se dijo que, cada vez que estuviera plena, brillaría más incluso que el propio Sol en honor de la pérdida de aquel que tomaba sus hilos. Ya que los sueños habían perdido un conductor, ella misma haría que su luz inundase cada rincón de cada casa para alimentar así los sueños de los dormidos. Ya nunca más hubo un hilador ni un deshilador y ese campo de oníricas poesías, de imágenes y ensoñaciones aprendió a cultivarse solo, con la única ayuda de esos mágicos rayos, regando con su luz la semilla de un lugar mejor.

13 comentarios:

Javier Pellicer dijo...

No me canso de decirlo: tienes una imaginación envidiable. El relato es precioso (bueno, ya sabes que todo lo relacionado con la luna y los tejedores me gusta, ya me entiendes, jejeje), la temática maravillosa. Yo no apartaría este texto, creo que con un poco de revisión de estilo podría conseguir un gran resultado en algún otro concurso.
Sea como sea, es un cuento encantador, ideal (como apuntas) para contar a los niños en invierno, frente a una hoguera.
En fin, que no tires la toalla. Tus relatos normalmente son magníficos. Yo te animo a que los retoques un poco, si lo necesitan, y vuelvas a probar. Algunos de mis relatos que han obtenido algún buen resultado habían sido rechazados en otros concursos. Al fin y al cabo, mejor que estén en movimiento que olvidados en tu ordenador. Tienen demasiada calidad.

Un abrazo, amigo.

Víctor Morata Cortado dijo...

Muchas gracias, Javi. Últimamente me vienen muy bien los ánimos. A veces me creo incapaz de dar más de sí y eso me consterna, pero bueno... esta es mala fecha para mí y llevo unas semanas que no remonto literariamente hablando. Me encuentro como abotargado, como bloqueado (aunque la palabra más bien es desorientado). Sé que al menos tengo un lector, jejeje... En cuanto pase el calor haré balance y reestructuración de método. Un abrazo, amigo.

Bolzano dijo...

La prosa que desplagas es de una calidad brutal. Yo no creo que pudiera hacerlo así, pero creo que tiene un riesgo y es que a veces se torna lenta y eso puede que afecte a la decisión de los jurados, o a lo mejor justamente le guste a otro jurado distinto. Es estar en el momento y en el lugar adecuado.
¿Pero para que escribimos? Yo creo que para muchas cosas y con este relato y todos los otros que he leído de ti creo que te estás realizando. Sí, quizás falte el golpe de suerte que haga que tus lectores se cuenten por miles. No desistas y escribe aquello que te apetezca y de la forma que te apetezca.
Sigo pensado que un día me firmarás un libro (y no autoeditado, jejeje).

Saludos.

Víctor Morata Cortado dijo...

Gracias, Bolzano. Me animan tus comentarios, sobre todo teniendo en cuenta que eres uno de los que puede comparar mi evolución literaria de unos años atrás para este tiempo. Gracias por pasar y comentar. Ojalá tu intuición no te falle. Un fuerte abrazo, amigo.

B. Miosi dijo...

Es claro que cada escritor tiene su estilo, y tú tienes uno que yo podría distinguir si me pusieran muchos delante. Estoy de acuerdo con Javi y Bolzano: escribes realmente bien, tus cuentos son para ser escuchados al lado de una hoguera o frente a la chimenea, contienen fantasía y calidez, ¿qué más se puede pedir?
No te desanimes, Víctor, que pocas son las personas con la capacidad que tú tienes.
Yo nunca he ganado un premio, ni de cuentos ni de novelas. No sé si escribo bien. Sólo hago lo que me gusta.

Besos y ¡adelante!
Blanca

Lola Mariné dijo...

Pues yo creo que el relato está muy bien. Pero lo de los concursos en un tanto complejo: no sabes contra quien compites ni que es lo que buscan...ni que intereses hay.
Haces bien en no desanimarte. Cuando menos, son una motivación para escribir y, como bien dices, un magnifico ejercicio.
Saludos.

Víctor Morata Cortado dijo...

Gracias, Blanca. Lo de tener un estilo particular me gusta, aunque a veces pueda ser una lacra, quiero tomármelo como una virtud. Creo que no todos pueden decir que tienen un sello particular. Si bien es cierto que he ganado algún premio, cada día que pasa pienso que los premios están supeditados a un sinfín de variables que nada, o poco, tienen que ver con la calidad literaria, pues no entiendo que tú no hayas ganado ninguno con el estilo tan depurado y rico que tienes (no sé si te he dicho alguna vez que me encanta, jeje). Dentro de poco me quedo en el paro, sin trabajo hasta quién sabe cuando dentro de esta crisis, así que aún no sé si verlo como una oportunidad de machacar la literatura o como algo que me va a quitar la salud. Gracias de corazón por tus palabras de aliento. Besos y un fuerte abrazo desde el otro lado del charco.

Víctor Morata Cortado dijo...

Gracias, Lola. Me ha gustado verte navegar entre mis letras. Tienes razón en lo de los concursos, están sujetos a tantas susceptibilidades y variables que uno no sabe por dónde van a salir. Trato de no desanimarme, pero a veces se hace cuesta arriba. Gracias de nuevo por tus amables palabras. Besos y un fuerte abrazo.

Teresa dijo...

Hola Vítor. Una vez más quería darte la enhorabuena por tu cuento, aunque no haya ganado premio me parece una historia fantástica (en los dos sentidos de la palabra), y escrita con un vocabulario exquisito. Según lo iba leyendo se me ocurría que sería un bonito cuento infantil porque da pie a ilustraciones mágicas; al menos así lo he ido viendo yo.

También quería decirte que aunque no te haga comentarios (ando falta de tiempo) sigo tu blog a menudo, y te animo a que sigas escribiendo y no te rindas ante la selva de los concursos (aunque te lo dice una que perdió la moral hace mucho... pero espero recuperarla algún día ;D).

Un abrazo.

Víctor Morata Cortado dijo...

Muchas gracías, Teresa. Me alegra ver que disfrutas con la lectura de mis escritos y que sigues asiduamente mi espacio. En estos días el calor me abruma y tengo la escritura un poco relegada, a la espera de encontrame anímicamente mejor y poder retomar con mayor energía todo lo que tengo pendiente.

Mi mejor época siempre ha sido después de Septiembre y hasta Junio o así, cuando llega el calor me derrito. Lo de los concursos me preocupa lo justo, pues cada vez parece más una lotería que una selección, claro que depende también del concurso, del jurado y de las circunstancias.

Gracias por los ánimos, de corazón. Yo, por mi parte, te animo también a que sigas adelante en este sentido, como suelo decir "con los concursos nunca se sabe". Besos y un fuerte abrazo.

Teresa dijo...

Gracias Víctor. Sí, habrá que recuperar la moral respecto a los concursos; para mí al menos representan la forma de obligarme a escribir.

Y yo también estoy poco inspirada. Y también el otoño es mi estación favorita. Ahora con el calor y las distracciones veraniegas es mas difícil concentrarse.

Lo dicho, y otro abrazo. ;D

Carolina dijo...

Sí que extrañaba leerte!!!

Jajaja, tú ya me conoces, ya sabes todas las flores que te echo siempre. Hoy sólo quiero que sepas, que haces del mundo un lugar mejor, con tu prosa.

Un abrazote Víctor, lleno de admiración y respeto.

Víctor Morata Cortado dijo...

Gracias, Neni por tus palabras. No creo ser merecedor de tales halagos, pero si al menos así lo consideras para ti, no puedo hacer más que sentirme orgulloso. El respeto y la admiración sabe que son mutuos y no echo tanto de menos como tú nuestro intercambio de impresiones de antaño. En cualquier caso, siempre es un placer verte aparecer por mi hogar. Cuídate mucho y que la noche te traiga tan bellos sueños como historias te lleven a ellos. Besos y un cariñoso abrazo.

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