martes, 31 de marzo de 2009

El Guardián del Paraíso 2009

Bienvenidos de nuevo a mi espacio. Para seguir con la hornada de relatos pasados traídos al presente a través de Universo Mágico, he querido dejaros aquí uno de los que pertenecen al tercer volumen, el de AIRE. Recordaros que podéis adquirirlo en Bubok de forma gratuita en formato PDF o en formato tradicional, para los más románticos. Yo lo siento por las nuevas tecnologías pero donde este un buen libro en papel... Aprovecho para dar las gracias a todos los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí por el simple hecho de buscar un cierto placer con la lectura, pues para mí resulta más que halagador que así sea y os haga llamar a mi puerta más de una vez. Que repitáis es un buen síntoma. Bueno, sin más preámbulos, aquí os dejo este relato. Disfrutadlo. Un abrazo.

EL GUARDIÁN DEL PARAÍSO

Fritz corría entre los silbidos de las balas que se cruzaban entre ambos bandos. Estaba perdido y desubicado, el enfrentamiento le había cogido por sorpresa cuando escribía en su pequeño libreto una carta para su amada, que hacía meses había dejado atrás en Hamburgo. Cuando se alistó en el ejército y fue llamado a filas para entrar en combate contra las tropas aliadas de Francia e Inglaterra, apenas era un muchacho que poco sabía de enfrentamientos militares y, mucho menos, de formas de ataque, opresión del enemigo, técnicas de evasión o uso de cualquier tipo de arma. Pero la nación había solicitado con premura el anexo de los ciudadanos a lo que sería el mayor imperio de la historia, liderado, como no, por el carismático y creciente Hitler. Un hombre menudo que, con sus discursos entusiastas y abnegados, había conseguido movilizar a un buen número de inconformistas alemanes. Nadie hubiera dado crédito a aquel ascenso al poder si, años antes, aquel soldado raso que batallaba en la Primera Guerra Mundial, se hubiera alzado como lo que ahora era. En aquel tiempo, solamente luchaba por su país y las creencias arraigadas de cierta superioridad racial que se escondían en su corazón, en la parte más oscura de éste. Fritz no confiaba mucho en las teorías de este dictador, pero no tenía elección. La presión que su futura esposa y sus padres ejercieran sobre él, fue un factor decisivo para tomar el uniforme. Fritz estuvo todo el invierno aprendiendo a ser soldado y, cómo él, unos cuantos más en su situación. La mayoría sentía un ardiente deseo de satisfacer a su país y a su líder, pero a Fritz, que tenía un espíritu más bien benévolo, aquello le parecía un sinsentido. En el transcurso de la helada estación, Fritz supo que se había embarcado en un proyecto que en nada iba con sus principios ni con su persona por el mero hecho de satisfacer el orgullo de sus seres queridos. Aquel periodo de guerra era para Fritz como una moneda de cambio para salvaguardar la relación de aquellos que dejara atrás en Hamburgo, aún sin saber si volvería con vida para obtener la recompensa a su sacrificio.

Un par de meses después, con la primavera despuntando, Fritz fue llamado para cubrir un batallón de unos dos mil hombres que tendrían la tarea de refrenar los avances de las tropas enemigas en Noruega y Dinamarca. En 1939, había empezado oficialmente la guerra en un primer movimiento ejecutado por la unión de tropas francesas e inglesas; Estados Unidos se mantuvo al margen y Roosevelt aseguró que no vendería armas a ninguno de los bandos europeos para no desequilibrar la balanza armamentística. Aquel movimiento pausado no tuvo altercados propios de una guerra, la llamaron la guerra ficticia. Pero las tropas aliadas seguían avanzando y el ejército alemán no podía permitirlo. Así, el 9 de Abril de 1940, dos mil de los soldados de Hitler que habían estado preparándose durante el invierno, iniciaron la ofensiva que sería apodada como blitzkrieg o guerra relámpago. Debido a que sus oponentes eran bastante precarios en la lucha, confiados en la política de apaciguamiento y con el lastre de la Primera Guerra Mundial que habría de ser “la guerra que pondría fin a todas las guerras”, no tuvieron más remedio que ofrecer una poco digna retirada de sus más de 13.000 hombres en Trondheim y la evacuación de 338.226 soldados aliados en las playas septentrionales de Francia en Dunkerke. Esto ocurrió entre el 28 de mayo y el 3 de Junio de 1940. De momento, el ejército alemán ya había tomado el control de la situación y Fritz estaba entre las tropas que habían fortalecido la barrera del régimen nazi. La verdadera guerra empezó meses después, con una fuerza inusitada que sorprendió tanto a los militantes germánicos como a los países aliados que tenían la intención de no llevar a mayores aquel conflicto. Todo se sucedió como un tremendo caos del que pocos pudieron salir indemnes, tanto emocional como físicamente. El odio generado, la supresión de las libertades, la limpieza étnica y racial... aquello superaba con creces al propio Fritz, que rozaba la locura ante tantas atrocidades cometidas. En cambio, sus padres y su novia estaban encantados con su pertenencia a las tropas de Hitler y su reciente ascenso que le ponía al frente de unos cuantos hombres. La espiral de acontecimientos le había superado por completo y, en cuanto tenía ocasión, Fritz procuraba evadirse de aquella vorágine de sangre y destrucción sumido entre las páginas de las sagradas escrituras y otros libros que iban más allá de la realidad, mucho más lejos, que era donde él quería estar en cada momento.

Si bien él era uno de los hombres que más había participado en la guerra, no había disparó ni una de sus balas a favor de la muerte. Sus balas siempre buscaban la manera de ser dirigidas hacia el suelo o al aire, para no quedar en evidencia y, al mismo tiempo, evitar un crimen que consideraba injusto, poco ético y amoral. No se sentía capaz de quitar la vida a nadie, aún se tratara de un enemigo. Fritz sabía que en las guerras la gente pasa a formar parte de un listado al que pocas veces el gobierno presta atención, son datos que no reflejan, en lo más mínimo, la humanidad que se esconde tras cada uno de los garabatos que apuntan una identidad. Los enemigos eran aquellos que había que exterminar, pero no había una enemistad real, era un trabajo a realizar, una manera de cazar sin ser cazado. A veces, todo adquiría un tono surrealista y Fritz se decía mentalmente que aquello no podía ser real; seres humanos matándose sin un motivo real, simplemente por la imposición de unas ideas que el tiempo desenfocaría y mantendría cubiertas de polvo. No podía ser cierto que aquello valiese los millones de vidas humanas que se perdieron en lo sucesivo, los crímenes indiscriminados... nada podía justificar aquella masacre. Fritz intentaba no recluirse en su mente filosófica, procuraba escapar de los pensamientos que, a plomo, hacían más difícil su estancia entre trincheras, explosiones y miembros mutilados. En más de una ocasión, había llorado a escondidas, manchado sus manos con la sangre de sus compatriotas en un intento desesperado por frenar una hemorragia y gritado al cielo que cesara aquella estupidez. Pero sus lágrimas se perdían entre el barro, la sangre se acababa secando en su ropa y sus gritos... sus gritos se perdían entre los silbidos de los proyectiles, entre el humo de las granadas, bajo el polvo que se levantaba tras los sacos de sus guaridas. Entonces, su mirada se perdía entre los espinos de la alambrada, evocando la corona que impusieran al judío que murió por toda la humanidad casi dos mil años atrás. Fritz comprendía que la muerte era el único fin que unía a todos los seres humanos por igual. Quizá la salvación se encontraba al otro lado.

Era en uno de esos fuegos cruzados cuando se sintió libre de la cordura y, escribiendo en su pequeña libreta, encauzó sus pasos hacia el centro mismo del campo. Oyó el grito de uno de sus compañeros, que le instaba a volver al refugio, seguido de varios insultos, pero no prestó atención. Siguió caminando. Las balas pasaban a su lado, una arañó su uniforme a la altura del hombro. Un hilo de sangre se dejó caer por la manga, que acabó por manchar su mano y mezclarse con la tinta de su estilográfica. Una explosión levantó una humareda a escasos metros de donde se encontraba, pero la onda expansiva no fue suficiente para que Fritz saliera de su abstracción o fuera derribado contra el terreno. Él siguió escribiendo. El momento que había de llegar le sobrevino justo cuando terminaba de escribir el nombre de su prometida. Una bala le perforó el estómago, el dolor que sintió Fritz colapsó todos sus sentidos. Creyó perder la visión y parte del oído. Una punzada húmeda se extendía en el vientre. Mientras ponía su mano sobre la herida, no con intención de evitar el desangre sino de sentirla, cayó de rodillas y recibió el golpe de gracia del enemigo. Una última bala perforó su parietal y acabó con su vida. Antes de aquello, Fritz ya pensaba que su vida estaba acabada. Lo pensó justo al firmar su alistamiento. Aquel momento era el que ponía el punto y final a su rúbrica. El de su muerte.

Entonces, se vio corriendo por un lugar sin ruidos de guerra, sin humos ni gritos, sin el hedor de la muerte alrededor. El lugar era diferente del que había regado con su sangre, un paraje verde y florido. Tenía la sensación de ver su alrededor con un enfoque diferente, como tamizado con un filtro de luz blanca vaporosa. Apenas podía ver el suelo que pisaba, parecía estar cubierto de una nívea neblina que le cubría hasta los pies. Se miró sorprendido al descubrirse sin el uniforme que tanto detestaba. En su lugar, llevaba un traje más que elegante, blanco como la leche, sin un solo remate oscuro. Instintivamente, siguió caminando hacia el frente. A lo lejos, pudo ver como se dibujaba una silueta diminuta. Según se acercaba, vio que la figura se encontraba frente a una puerta ornamentada con enredaderas de metal dorado y plateado, horadada por un arco de giros delicados y contornos claros. Ya más cerca, pudo identificar la imagen que se había dibujado en la distancia. Era un niño, un bebé más bien, con tres pares de alas blancas y una mirada que reflejaba, extrañamente, una ternura y sabiduría infinitas. Miró a Fritz de arriba abajo, estudiándole de dentro hacia fuera. Entonces, aleteó para igualar la altura de sus caras y el niño alado le habló con una dulzura que Fritz jamás podría haber imaginado. Era un querubín, uno de los seres celestes más cercanos a Dios, por encima incluso que los ángeles y los arcángeles. Lo que le dijo fue simple y directo. Tenía el perdón de Dios por no haber manchado sus manos de sangre. A pesar de haber formado parte de aquel conflicto, tenía acceso al lugar que se abría tras la gran puerta custodiada por el querubín: el Jardín del Edén.

En el momento en el cual Fritz iba a cruzar la puerta que le llevaba al Paraíso, unos pasos ajetreados se oyeron, acercándose por detrás. Un hombre venía corriendo hacia él o, hacia la puerta, pues ambos se encontraban en la misma dirección. El hombre iba vestido de uniforme, pertenecía a las tropas alemanas; la única diferencia con el uniforme que Fritz había llevado era que iba plagado de medallitas y condecoraciones. Al acercarse, el muchacho le reconoció y quedó atónito. El querubín se interpuso entre la puerta y el hombre y miró de reojo a Fritz para indicarle que podía pasar ya. En aquel lugar, donde el tiempo y el espacio eran relativos con respecto a la vida en la Tierra, todo adquiría unos matices sensiblemente distintos. Fritz acababa de morir, y justo cuando aquel hombre aparecía de la nada, la guerra había llegado al principio de su fin. Las tropas aliadas habían desembarcado en Normandía y los alemanes habían visto franqueadas sus barreras. En cuestión de poco tiempo, el régimen alemán fue subyugado y derrocado. Aquel hombre era uno de los vestigios de aquella derrota. Y mientras se erguía exigiendo atravesar las puertas del Edén, el querubín lo examinó detenidamente y emitió un susurro contradictorio, mezcla de dulzura y firmeza, como un martillo embadurnado de miel:

—Tú no. —Dijo.

Su mirada se desvió entonces. Se enfocó por encima del hombro del uniformado. Una sombra oscura y humeante lo agarró por el brazo, tirando de él hacia la nada. El hombre se desgañitó en insultos y amenazas mientras se perdía entre las brumas celestes. Fritz giró entonces, dio las gracias al querubín por su amabilidad, y sonrió mientras la bestia se llevaba consigo al hombre del flequillo alborotado y bigotito fruncido hacia algún lugar menos deseable que el Paraíso. Cruzó el umbral y desapareció en la blancura.

viernes, 27 de marzo de 2009

La Dama de la Fuente 2009

Bueno, aquí estoy de nuevo para ofreceros otro relato más de los actualizados recientemente e incluídos en Universo Mágico. En esta ocasión os dejo uno de los relatos que se incluyen en AGUA. Es este uno de los cuales más me gustan y al que le tengo especial cariño. Espero lo disfrutéis, tanto aquellos que lo conocen como para los cuales se presenta como savia nueva. Un fuerte abrazo y feliz fin de semana a tod@s.

LA DAMA DE LA FUENTE

Demasiadas mujeres como ella habían sido encantadas, unas veces por su propia voluntad, otras tantas como castigo por las obras que realizaran a disgusto de terceros. Pero había demasiadas repartidas por todo el mundo. En las historias que oía contar a los excursionistas, había descubierto la extensa tradición que existe en torno a ellas aquí y allá. Fayettes en Francia; fenettes en los Alpes Occidentales; lamiñaks en el País Vasco francés; alojas y encantadas en Cataluña... y así podría seguir, enumerando los diversos nombres por los cuales se las conoce. No obstante, había uno en concreto por el cual nadie podía admitir confusión alguna y por el cual siempre se las conocía allá donde se mentaran, eran ante todo Damas de las fuentes.

La leyenda de cada una de ellas siempre solía arrastrar una triste historia con un cruel final que ya no había manera de enmendar y a la cual quedaban atadas de por vida a no ser que alguien las desencantara. Esto solamente podía ocurrir un día de los trescientos sesenta y cinco que cubren el año, pero las horas que medían esta posibilidad se reducían a la noche, a una noche mágica, la de San Juan. En esas horas nocturnas, los mundos se cruzan y la posibilidad de liberarse del hilo de oro que les ata al fondo de las fuentes y, en definitiva, a su encantamiento, se hace patente. Estas damas de las aguas o espíritus de la naturaleza, como a veces también se las denomina, son corrientes en el Norte de España, Francia y en toda Europa, en lugares donde la naturaleza se mantiene viva y radiante, aislada de la civilización y el contacto humano. Para estas damas supone una cárcel, a veces impuesta y, otras tantas, elegida por ellas mismas para eludir cualquier retazo de su memoria que pueda ser rescatado de sus recuerdos más dolorosos.

Quien tiene el privilegio o la desgracia, según se mire, de encontrarse con una de ellas, bien podrá observar su innegable belleza. Todos coinciden en destacar sus cabellos dorados dando sombra a unos espléndidos ojos verdes, atormentadores, y su figura que se muestra traslúcida, dejando ver a través de ella la profundidad de la naturaleza que se extiende a su alrededor. Si bien su anatomía adquiere solidez en la noche de San Juan, son los menos quienes disfrutan de esta imagen opaca. Quien se cruza en su camino con estas damas, brujas o hadas, lo hace normalmente muy cerca de donde se encuentra su morada, pues el hilo dorado que las retiene no les deja un radio de acción muy amplio. Ellas eligen su propia prisión, su propia fuente, y sus virtudes y poderes con respecto al agua que de ella mana son totalmente controladas por estos bellos seres.

Ella, que había olvidado ya el nombre por el que la llamaran en su vida humana, se encontraba ansiosa por la noche venidera, la de San Juan que se encontraba cerca. Soñaba con la posibilidad de ser liberada pero, al tiempo, su imaginación se perdía intentando recrear una vida fuera de aquellas aguas y no conseguía más que enfurecerse al darse cuenta que, si no podía apenas recordar su vida anterior ni los motivos que la habían recluido allí, ¿cómo podría empezar una nueva vida siendo lo que antes fue? No lo sabía, pero en su fuero interno brillaba la llama de la humanidad que aún le quedaba, el calor del sentir humano. Vagamente pudo desbastar sus recuerdos para rescatar entre la ganga una débil imagen de aquel que amara siglos atrás, su hombre. Una cara confusa se mostraba ante ella costándole retenerla por mucho tiempo, sin llegar a adivinar unos rasgos precisos que le infirieran una personalidad real. La dama había sufrido su encantamiento a raíz del abandono, su hombre había marchado un día, sin más, y no lo volvió a ver nunca. Los días habían pasado como lápidas que albergaban los pedacitos de su alma que iban muriendo poco a poco, hundiéndola en la tristeza más absoluta y privándola de los placeres que la vida pudiera otorgarle por otros medios. Hastiada y sumida en la soledad, sin reparo y dolida hasta la médula, abandonó su hogar y se dirigió al bosque. Allí donde una fuente brotaba, ella hundió su mano y, bebiendo sus aguas, admiró la belleza, paz y pureza que la fuente transmitía, y la envidió; quiso ser aquello que veía y el encantamiento se produjo. No fue fuente, pero quedó atada a ella para siempre. Cada vez que el agua fluía, se llevaba consigo un trocito de dolor, un pedazo de futuro inconcluso, de sueños, de miradas, de nostalgia... poco a poco, la memoria se fue volviendo efímera y solamente podía pensar en la tranquilidad que la naturaleza colindante le brindaba. Pero lo cierto es que, en el fondo de su corazón, había algo que persistía y se resistía a morir, luchaba contra la naturaleza mágica del ser en el que se había convertido, impidiendo que su amor perdiera terreno ante el olvido. Pero al final, el sentimiento se había vuelto opaco, sabía que estaba ahí, pero no comprendía los motivos ni el origen. De vez en cuando, en las proximidades de la noche de San Juan, cuando su cuerpo dejaba de ser una transparencia, su corazón se mostraba rebelde y latía con tanta fuerza que podía oís sus latidos como gotas de lluvia en una cueva, entonces las imágenes se sucedían como destellos breves que le punzaban dolorosamente pero no daban claridad a su sufrimiento.

El destino, así de juguetón como es, quiso que un larigot llamara su atención con su encantadora melodía y, siguiendo las notas que emitiera, se aproximó a uno de los matorrales cercanos a la fuente. Con las manos, separó delicadamente los matojos, dejando un hueco libre para asomar la cabeza. Un pastor joven se hallaba sentado en una roca. Estaba solo, no había rebaño, pero reconoció en él el aroma de su oficio y los atuendos en los que se encontraba encamisado. Lo miró con atención, encontró en él rasgos familiares que no supo asociar. Rasgos que el tiempo se había llevado en el olvido. Su corazón palpitó fuertemente sin sentido aparente. Lo observó largo tiempo, de forma abusiva, como queriendo retener aquel momento por el resto de sus días. No solía pasar mucha gente por allí y, cuando lo hacían, evitaban acercarse a la fuente por temor a cualquier tipo de magia que pudiese condicionar sus vidas. El muchacho parecía, por el contrario, bastante tranquilo. Antes que la noche cayera sobre el bosque, el joven pastor se levantó y se fue. La dama lo siguió con la vista hasta que la maleza hubo borrado sus sombras. Una pequeña punzada en el pecho le hizo soltar una lágrima que se unió al caudal de la fuente. Recordó entonces que no era la primera vez que sus lágrimas se mezclaban en las aguas de aquel manantial. Tan pronto como hubo advertido este hecho, con la misma rapidez que se avino a ella, se marchó sin más. Únicamente quedó en ella ese sabor amargo y seco de la sed no saciada, esa pastosidad y dificultad de tragar. La congoja se hizo manifiesta en ella. En ese momento deseó que el muchacho volviese al día siguiente.

No supo si su poder había sido el causante de la vuelta del pastor al día siguiente, pero se alegró de verle de nuevo. Volvió a entonar una dulce canción que resultaba extrañamente familiar a la dama prisionera. Sin embargo, no podía recordar, solamente sabía que le gustaba aquella música y la disfrutaba henchida de felicidad. Día tras día, el joven deleitaba con su cadencia a la encantada y raudo aconteció que un ardor fue creciendo en su pecho. Sabía que pronto llegaría la noche mágica y había decidido poner a prueba al joven para que intentara liberarla; de nuevo tenía ganas de ser humana, tan sólo por sentirse junto a aquel que despertara en ella tan profundos e inexplicables sentimientos.

El día de la noche de San Juan, el joven pastor no vino, como de costumbre, recién entrada la tarde. La dama conoció la desesperación y rabió por dentro; caminaba rápidamente de un lado a otro, rodeando la fuente, pensando en los motivos que podían haber llevado al muchacho a desertar de su faena diaria. Temió no volver a verlo jamás. Otro flash asomó a su mente, el del abandono que sufriera justo antes de verse atada a aquella fuente. Se evaporó, dejándole una amarga sensación. La angustia empezaba a emerger lentamente, como un licor que se destila a fuego lento. Pero todo su malestar se esfumó repentinamente cuando llegó a sus oídos un sonido de ramas no muy lejano. Se asomó por donde tenía costumbre y allí estaba él. Esta vez su perfume era diferente... olía a agua de rosas y su atuendo se mostraba distinto, más elegante de lo que solía. Sacó su pequeña flauta y entonó, una vez más, aquellas melodías que tanto le gustaban a ella. Entonces, la noche se vino lenta, dejando poblar el cielo de estrellas con calma. La dama se miró detenidamente mientras su cuerpo se solidificaba. Se miró las manos que perdían transparencia, sus pies desnudos ocultando la hierba bajo ellos. El joven seguía allí. Ella apartó los matojos que hasta entonces le habían permitido robar las notas de aquella música a escondidas y se aproximó al joven con cautela. El pastor se volvió sin dejar de tocar. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, el muchacho cesó su melodía y le sonrió ampliamente. Ahora, el sentimiento de familiaridad del muchacho había crecido sobremanera. Se sentía muy cercana a él. Entonces, el pastor miró con ternura el tobillo de la dama y apreció el cordón dorado que la ataba. Se agachó y rozó delicadamente su pie. Entonces agarró el hilo y lo siguió hasta la fuente con cuidado de no romperlo. Una vez frente al origen del manantial se asomó estudiando el fondo. Tiró cuidadosamente del hilo hasta que el extremo salió del agua. La dama estaba libre por fin. Entonces, el chico se acercó a ella y la abrazó. Se separó unos centímetros y acarició su cara.

- Estás tan bella como te recordaba Amor mío – dijo el pastor con una lágrima asomando sin llegar a brotar.

- ¿Lucio? ¿Eres tú? – su mente volvía a recobrar los recuerdos perdidos por los años, poco a poco las incógnitas se fueron transformando en afirmaciones – Eres tú, eres tú... – y se echó a llorar henchida de felicidad

- Sí, Amor mío, Evangelina... soy yo... – y la besó con dulzura.

Ambos salieron del bosque cogidos de la mano. Lucio explicó a su amada que siglos atrás, cuando el marchara con el rebaño hacia el pueblo vecino, fue sorprendido por una cuadrilla de malhechores que pretendieron robarle. Ante este suceso, Lucio no pudo más que defenderse a golpe de bastón. La mala fortuna quiso que los ladrones estuvieran al servicio de un poderoso brujo y el joven pastor fue hechizado y condenado durante trescientos años bajo la forma de piedra en el mismo camino en el que le sorprendieran. Así, el tiempo pasó y, mientras él soportaba la condena de no volver a ver a su amada, Evangelina sufría de pena y acababa encantada entre las aguas de aquella fuente. El destino quiso que, cuando Lucio despertara del encantamiento, encontrara a su amada, y fueron diversas las señales que le avisaron de la ubicación de aquella que quedara abandonada sin previo aviso. Los pueblos se hacían eco de leyendas e historias que bien le habían servido al muchacho para averiguar el paradero de Evangelina, pues muchos contaban que un espíritu de la fuente había surgido de la pena de un abandono y la descripción de aquellos que la habían visto se aproximaba con fidelidad al recuerdo que él tuviera de su amada. No obstante, la capnomancia que el pastor había aplicado tantas veces para prever un buen pasto o el tiempo venidero también había sido de gran ayuda a la hora de localizar a la encantada. Sabiéndose olvidado por el encantamiento, Lucio se propuso ponerse al alcance de la vista de su amada para evocar en ella el sentimiento que antes se profesaban y así propiciar la cadena de acontecimientos postreros. Así fue que visitó las cercanías de la fuente, sabiéndose observado y rescatando, poco a poco, el sentimiento que el corazón de la muchacha aún albergaba entre penumbras. Habían pasado muchos años desde que ambos se separaran, pero ahora toda una vida les quedaba por delante, en un futuro totalmente desconocido para ellos y al que procurarían amoldarse de la mejor manera posible, pero siempre, siempre, bajo las alas de aquel Amor tan profundo que había sobrevivido a lo largo de los siglos y que les acompañaría por toda la eternidad.


miércoles, 25 de marzo de 2009

Corazón de Piedra 2009

Hola a tod@s. Ante la petición de algunos internautas frecuentes a mi blog, he decidio ir entrando en calor con la reposición de algunos relatos antiguos, ahora corregidos. Así, que voy a poner algún relato de los que pertenecen a Universo Mágico para, de paso, ver si a algún desconocido le pica el gusanillo y lo quiere adquirir en papel o gratuitamente (en Bubok ya sabéis). Después de esta pequeña publicidad (jejeje) no quiero pasar al relato sin dar las gracias a mis buenos amigos Javier, del que estoy leyendo una de sus novelas que no tiene desperdicio; a mi cuñado Salva, que siempre está por ahí con palabras de aliento; a mi novia Evangelina, siempre; y bueno, también a Blanca Miosi (sus consejos son oro pulido, gracias mil Blanca); a Ascen Rivera, con quien intercambio impresiones de vez en cuando; a Arwen Anne, Elisabetha y Lorea Otsoa, que hace poco me descubrió y, para beneplácito mío, ha sido una experiencia agradable para ambos. Bueno, me dejo ya de darle a la palabra para ofreceros uno de los relatos extraídos de TIERRA. Espero que los que lo conocéis lo disfrutéis de nuevo y los que no, pues buen provecho. Besos y abrazos. Hasta pronto.

CORAZÓN DE PIEDRA

Doce horas tuvo el día.

En la primera hora se amasó la tierra;

en la segunda, ésta se convirtió en un golem;

en la tercera, le fueron estirados los miembros;

en la cuarta se infundió en él el alma;

en la quinta se puso de pie...

Sobre la creación de Adán, Sanedrín talmúdico.


Tiempo atrás, en el comienzo que llevara a Dios la creación en siete días, fue moldeado en última instancia el que fuera a su imagen y semejanza, Adán. Este fue el primer golem que hubo sobre la faz de la tierra, pues de la tierra nació y fue inerte como roca hasta que le fue infundida la vida. Se dice que en la frente una palabra llevaba escrita, emeth, que significa Verdad y que la llevó como símbolo del origen de su propia existencia. Pues Dios es la Verdad misma y de ella nació este primer hombre al serle imbuida el alma en su interior, tema por el que los ángeles comenzarían una terrible lucha en el cielo y que hasta nuestros días sigue en pie encabezada por arcángeles renegados y celosos de esta voluntad divina.

Muchas leyendas judías hablaron milenios más tarde del poder que encerraban las palabras sagradas de la Biblia y de su sabia combinación para infundir la vida sobre la materia emulando el poder de Dios. Algunos como Ben Sira y su hijo, incluso intentaron reconstruir un cuerpo a imagen y semejanza con restos de cuerpos mutilados a los que se dice dieron vida una vez descifrada la cábala. Leyendas que perduran en los ecos de las sinagogas y que la tradición popular convino adaptar para un uso más cotidiano en forma de cuentos infantiles. Pero la ficción, en ocasiones, supera a la realidad y este era el caso que atormentaba a la masa pétrea sin nombre ni dueño que vagaba solitaria por un mundo encerrado entre montañas.

Hacía años, quizá siglos, que aquel que le infundiera el primer aliento había muerto e, ironías de la vida, nadie le devolvió al creador el hálito vital con el que él mismo dotara a aquella bestia. Su amo, pues eso es lo que era desde el primer momento en que sus ojos le vieron mirándole inquisitivamente desde arriba, era un rabino estudioso de la cábala y los secretos ocultos del libro sagrado que, siguiendo los pasos de Ben Sira, había descubierto el modo de traer a la vida la muerte misma. De una roca extrajo grandes piedras que fundió sobre un molde con forma humanoide, de gran estatura y corpulenta estructura. El molde se llenó de roca fundida y enfrió a la intemperie de los desolados parajes de la Europa del Este. Entonces recitó unas palabras con una pronunciación que denotaba arcaísmo. La vejez de la sabiduría, cultivada durante toda una vida, se manifestaba en versos añejos. Sobre la frente del ser antropomorfo escribió emeth y entonces el golem cobró vida. Así de fácil fue traerle a este mundo. No sabía su amo el daño que había otorgado a aquel alma en pena, negada de la muerte y el descanso eterno, lejos de aquella muralla que su cuerpo mismo constituía. Encerrado entre los muros de su propia carne de piedra. Ahora, sin nadie que le pudiera dar muerte, y con esa voluntad sumisa y complaciente, se había vuelto errático y vagaba sin rumbo por las colinas durmientes, hermanas de sangre inermes e imperturbables, pero exentas del sentir que el golem padecía por ser conocedor de algo más que la simple dureza de su propio físico o la composición mineral de sus arterias. Tenía sentimientos, emociones... y una vida que nunca hubiera deseado de haber tenido la opción de elegir. Era un alma en pena.

Su sufrimiento se veía unido al tiempo a la impotencia de no poder gritar siquiera pidiendo auxilio a algún ser caritativo que pudiese encontrarse en las cercanías, pues si algo se conoce del golem es la imposibilidad de articular palabra alguna o de emitir el más mínimo sonido gutural. Así pasó entonces gran parte de su vida. Tantas horas eran las que pasaba a solas consigo mismo y sus pensamientos, que el carácter sumiso se comenzó a difuminar en las brumas de grandes elocuciones mentales que le llevaban a ser una bestia con la iniciativa e independencia suficientes como para comprender muchas de las verdades que le rodeaban. Aprendió a escuchar los pájaros y descifrar las nubes, a sentir el latir de la tierra y percibir el más leve movimiento a millas de distancia. La sumisión que le encadenaba a una lenta espera se desvaneció y ya no quiso ser esclavo nunca más, ni siquiera de aquel cuerpo, quería morir y ser libre, volver a formar parte del todo y la nada al tiempo. Pero todo transcurría muy despacio. El día daba paso a la noche y la oscuridad daba la bienvenida a la luz de la mañana con una rutina que le desgastaba el ánimo, sacando limos de su cuerpo y depositándolos aquí y allá. Un día decidió dejarlo todo atrás pensando que si seguía caminando el suficiente tiempo encontraría a alguien que le ayudara a escapar de aquella agonía. Aunque sabía que no bastaba con encontrar a alguien, el golem no perdía la esperanza de dar con una persona que además supiese descifrar la cábala y pudiera arrebatarle el hálito con igual rapidez con que se lo infundieran contra voluntad.

Caminante de muchas leguas, el ser de piedra gris se aventuró a no perder la línea recta. En cuestión de no demasiadas jornadas encontró un pequeño poblado y, cual fue su alegría que, en mitad del mismo, reconoció una sinagoga y, a pesar de su escasa inteligencia, ésta le llegaba para advertir que aquello confirmaba la presencia de, al menos, un rabino, un conocedor de las sagradas escrituras y quizá de sus cabalísticos secretos. Al caer la noche, se acercó con cautela a las puertas del templo y se sumió en las oscuras profundidades del mismo para permanecer a la espera de su salvador. Con los primeros rayos de Sol entrando por la vidriada ventana, un hombre se acercó al centro de la sala y, bien orientado, se inclinó para rezar sin advertir la presencia monstruosa tras él. Un escalofrío le erizó los pelillos de la nuca y se volvió a tiempo para emitir un gritito que se ahogó en su garganta mientras caía de espaldas e intentaba retroceder ayudado de pies y manos con gran esfuerzo. El golem le miró con tristeza y le instó con la mano a que se detuviese, entonces el rabino advirtió las palabras de su frente y comprendió quién o qué era aquel ser. El golem explicó sin palabras, como pudo, su ansia por dejar esta vida que no le correspondía y que un aspirante a Dios le había otorgado. Entonces el rabino habló y le pidió paciencia y calma, pues no estaba convenientemente instruido en aquel espinoso campo de la cábala. Durante tres días el golem nada supo del hombre y nadie puso un solo pie en la sinagoga, quizá advertidos por el rabino. Entonces volvió, con una sonrisa amplia y una mirada alegre, como la del niño que adivina un acertijo o aprende algo que daba por imposible. Se acercó cariñosamente al ser rocoso y lo abrazó con dicha.

Su salvador, ahora, sabía cómo dejar en libertad aquel alma presa. Se acercó al golem y con suma delicadeza le pidió que se arrodillara para tener su testa a la altura precisa. Cogió un paño húmedo ungido en agua bendita y borró la letra aleph que constituía la primera de todas las que formaban la palabra emeth de la frente del ser. Ahora se leía meth, o lo que es lo mismo, muerto. En ese preciso momento, una fugaz mirada de alivio se desató en los ojos del golem y, al instante después, la vida se esfumó de él, provocando su desplome inmediato sobre el suelo de la sinagoga. El rabino rezó por su alma y le bendijo. La bestia fue entonces fundida de nuevo y con su masa se hicieron los fuertes ladrillos sobre los que se construyó el anexo a la sinagoga. Aquel ser había sido tocado por la mano de Dios y ahora su cuerpo formaría parte de la casa de éste. Su alma fue al fin liberada y los secretos que escondía su existencia borrados para evitar las abominaciones que el hombre a veces crea en su pretensión de verse a la altura de un Dios en el que en muchas ocasiones ni si quiera cree.


sábado, 21 de marzo de 2009

Premio Blog de Oro

Bueno, esta va a ser una entrada más bien breve, pues tan sólo quiero agradecer este galardón a mi buena amiga Martha Jacqueline Iglesias. Ella ha querido otorgarme este premio desde su Letraweb y me siento muy orgulloso, como siempre, más que del premio de lo que supone y lleva implícito, como es el haber conocido a esta persona y tenerla como amiga. Así, me congratula recibir el premio y llevarlo con orgullo. Gracias Jackie, por el premio y por estar ahí.

martes, 3 de marzo de 2009

La Búsqueda de Blanca Miosi

Es para mí un gran placer dejaros aquí la reseña de esta magnífica novela que acabo de leer de nuestra amiga escritora Blanca Miosi. Es la misma que he dejado en Shvoong, por si queréis acercaros allí. En cualquier caso, mis palabras se quedan cortas para lo maravillado que he quedado con el estilo, la calidad, la historia. Una obra redonda. Un beso y un fuerte abrazo para ella y para todos vosotros aquí va la reseña:


Se nos ofrece en esta ópera prima de Blanca Miosi (se entiende que la primera publicada, no escrita) una novela cargada de emociones fuertes, de miseria, de esperanza e historia. Es la vida de Waldek, un muchacho polaco que, apenas despuntando en su juventud, se ve obligado a vivir el asedio nazi con toda su crueldad. Será el primer contacto con el pensamiento humano y su conducta. Waldek comienza aquí a vislumbrar una cuestión que le rondará durante toda su vida, la de la imposibilidad de separar el bien de las garras del mal. Las experiencias que pasará el muchacho a partir de su paso por los campos de exterminio harán de él todo un superviviente. Con una fuerza interior abrumadora, sus energías y ansias de vivir harán de él un luchador (como algunos de sus allegados en la obra le definen) y tendrá todo el éxito que podría desear. Sin embargo, su vida será un vaivén de circunstancias en las cuales será engañado, en las que se verá forzado a situaciones indeseadas y en las que, como contrapartida, encontrará el amor y la dicha. Su existencia, como bien apunta Waldek, irá ligada a la huida del comunismo, que parece le persigue allende va, siguiendo sus pasos hasta Sudamérica.


Asombra la valentía de Waldek y, en todo momento, será él quien asuma el control de su vida (en la medida en que la situación se lo permite y dentro de sus posibilidades para elegir). En poco más de trescientas páginas, se nos ofrece una vida completa, desde la infancia hasta la misma muerte. Es esta una novela sin cabos sueltos, con profundidad y con un abrumador desarrollo de sus personajes (sobre todo del protagonista). Llena de palabras cuidadas con mimo y delicadeza, pero con la misma crudeza que la historia que nos muestra la autora a cada momento con sus líneas. Es esta una escritora que, sin duda, no dejará indiferente a nadie. Una obra magistral de lectura ágil y agradecida.


A todo esto hay que añadir el genial trato de ciertas sutilezas que, a priori, parecen rozar lo fantástico, lo mágico, lo que hacen una historia más cercana aún en pleno contacto (aunque sea de forma leve) con la superstición o la brujería. De igual modo, la autora hace un reflexión acerca del ser humano que no tiene desperdicio. Es una novela que se bebe, que seduce y que, sin duda, enriquece el alma por los muchos matices que Blanca Miosi nos regala.

Blog Widget by LinkWithin
"hombre invisible" (1) "hombres grises" (1) 15 (1) 1982 (1) 2006 (2) 2008 (2) 2009 (3) 2010 (5) 2011 (7) 2012 (19) 2013 (10) 22/11/63 (2) 4 (1) Abismos (1) Abraham Lincoln (1) actos culturales (1) Adam Parfrey (1) Adraga (1) afanc (1) agradecimentos (1) agua (6) aire (10) ajedrez (1) Alejandro Hernández (1) Alianza Editorial (1) Alicante (2) aliens (1) Aller (1) almas (2) Almuzara (1) aloja (1) Alpujarra (1) alumnos (1) Alven (1) amazon (5) American Gods (1) amigos (3) amistad (2) amor (4) amor reflexión (2) amor sentidos (1) Ana Carracedo (1) Ana Gamero (1) Ana María Matute (1) Ancestra (1) anika entre libros (3) aniversario h-horror (5) anjana (1) Antolinos (1) antología (3) Antología Más Allá (3) Antología Z (2) Anónimo (5) Apocalipsis (1) Apuntes macabros (1) Argentina (1) armario (1) arscreatio (4) artículos (4) Ascensión Rivera Serván (3) Asociación Cultural (1) Asociación Cultural Doble H (2) Asturias (3) Atlántida (1) avance editorial (1) ayuda (3) año nuevo (2) B de Books (1) Bajo el Eucaplipto (1) balance (1) Barcelona (3) Barnum (1) BEF (2) Benjamin (1) Benjamín (1) Bernardo Fernández (2) Best-Seller (1) bestiario (38) bestias (24) Biblet (1) Biblioeteca (1) biblioteca (1) Biblioteca Breve (1) bigfoot (1) Blanca Miosi (6) blog (1) blogs (1) boletin del autor (7) boletín (5) Books4Pocket (1) bosque (1) bretaña francesa (1) breus (2) Breve Historia de Estados Unidos (1) brillante (1) bubok (2) Buenos Presagios (1) busgosu (1) bélico (1) cambio (1) cancerbero (1) Capitan Swing (2) Cara a cara con el psicópata (1) carikines (1) Carlos Ruiz Zafón (3) Carolina Pastor (1) Cartago (2) casualidad (1) causalidad (1) Cazador de Striges (1) cena (1) chakras (2) changeling (1) Chernóbil (1) Chipiona (1) Chuck Hogan (3) Chuck Palahniuk (1) cicatrices (1) ciencia ficción (19) cine (1) Circo (1) civilización (1) Claudia Bürk (1) Clive Barker (2) Club de Lectura (2) clásicos (1) Clásicos y Zombis (1) coco (1) colaboración (1) Colección El Último Escalón (1) compra (1) Conciertos (1) concursos (16) Conecta (2) Contemporary Literary Horizon (2) convocatoria (1) Corigos (1) cosechador (3) cotidiano (1) crealite (1) Creatividad (1) crepúsculo (16) criaturas (2) crisol (1) Cristina Puig (2) Críticas (1) Crónicas de la Marca del Este (11) Crónicas del Caído (1) cuentos (28) Cuentos de muerte y demencia (1) Cuentos de Seres Extraordinarios (1) Cuernos (1) Cultura Hache (60) cuélebre (1) Círculo de Escritores Errantes (1) Círculo Rojo (1) cómic (1) dama (1) Daniel Dragomirescu (1) Daos (1) Darío Vilas (18) Darío Vilas Couselo (7) David Fisher (1) David Gómez Hidalgo (1) David Jasso (1) David Morales (1) Debolsillo (2) Demonio de Libro (1) desamor (2) desamor. drama (1) Desde el penúltimo rincón de mi espejo (1) Desencanto (1) despedida (1) DH Ediciones (4) diablo (1) didáctica (1) Dios (1) disculpas (1) Djinns (1) Doble H (2) Dolmen (6) dolor (1) donde nace el instinto (1) drake (1) drama (5) drogas (1) duende (1) duques (1) ebook (1) Edgar Allan Poe (1) Edhasa (2) Ediciones B (3) Editorial 23 Escalones (5) Editorial 23escalones (1) Editorial Alrevés (1) Editorial Ariel (2) Eduard Punset (2) EEUU (1) efecto mariposa (1) Efreets (1) El Actor (1) El Aleph (2) El Café de la Luna (1) el café del autor (14) El Camino de Baldosas Amarillas (1) El Cementerio de la Alegría (9) El Cementerio del Diablo (1) El Club de la Lucha (1) El Círculo de Krisky (1) El Desván de los Cuervos Solitarios (1) El diablo me obligó (1) El Elemento (2) El Espíritu del Lince (3) El Eterno Olvido (1) El Fin del Mundo y un Despiadado País de las Maravillas (1) El Gran Gatsby (1) El Gran Reloj (1) El Hombre Ilustrado (1) El Legado (2) El Libro de las Almas (1) El Libro del Cementerio (1) El libro del español correcto (1) El Libro sin Nombre (1) El Mago de la Guerra (1) El Manuscrito I (1) El monstruo en mí (2) El Oasis Maldito (1) El Ojo de la Luna (1) El Prisionero del Cielo (1) El Secreto (1) El Susurro de los Árboles (1) El Visitante Maligno (1) El Último Barco a América (1) elegido (1) Elendy (1) elfos (1) encantada (1) Enrique Ballesteros Fernández (1) Enrique de Hériz (2) Enrique Osuna (1) ensayo (10) ente (4) Entrevista (5) Envuelta en la Noche (1) epístolas (1) Erinias (1) esclavitud (1) esclavo (1) escribir (1) escritores (2) escritura (1) Espada y Brujería (1) Espasa (1) Espido Freire (1) espíritu (3) espíritus (2) Estados Unidos (2) estadísticas (1) Estirpe Salvaje (1) estrella (1) Eterna (1) Eva García Sáenz (1) evanescencia (1) eventos (3) F.G. Haghenbeck (1) Fahrenheit 451 (1) fantasia (16) fantasmas (2) fantasía (50) fanzine (5) fayette (1) Federico Axat (2) felicitación (1) Fernando León de Aranoa (1) Fernando Sobenes (1) ficcion (16) ficción (6) flashforward (1) fnac (4) foca (1) folletti (1) folletto (1) fosco (1) francia (1) Francis Scott Fitzgerald (1) Francisco Brotons (4) Francisco J. Sánchez Lizón (1) Frankenstein (1) Freaks (1) Frederick Douglass (1) fuego (1) fuente (1) fábulas (1) Gamma (1) ganadores (1) gargolas (1) genios (1) Gervasio López (5) Ginesa Peñalver (1) Glenn Cooper (2) Good Omens (1) Grijalbo (2) grimorio (1) Grupo Ajec (5) Guardianes de la Noche (1) guerra (1) Guillermo del Toro (3) guitarra (1) güestia. bosque (1) h-horror (30) H.P. Lovecraft (1) hablar (1) hadas (3) Hamelín (2) Haruki Murakami (1) Hellraiser (1) HHorror (4) Hijos de Heracles (2) Himno (2) hiperbreve (1) hipnosis (1) Hispacón (2) historia (1) historias (21) Hitler (1) Holanda (1) Holocubierta Ediciones (10) Horns (1) horror hispano (7) Humo y Espejos (1) Házael González (1) I Certamen Epistolar ArtGerust (1) I Certamen Literario UNED-Cartagena (1) I Encuentro Nacional (1) Iberia (2) Icorbeles (2) II Concurso de Relatos de Amor Do not disturb (1) III (1) Ilarión (1) iluminacion (1) Ilusionaria (1) ilusionismo (2) ilustrado (1) ilustradores (1) Imagicón (1) imperfecta simetría (1) indios (2) inexistencia (1) infantil (1) infierno (1) inicio (1) inspiración (1) Instinto de Superviviente (5) Instituto Cervantes (1) interiorización (1) Isabel Allende (1) isla (11) Isondú (1) Italia (1) IV Concurso de Relatos de Terror Aullidos.com (1) Ivan Mourin (1) J.J. Castillo (1) James Nava (1) Jasper Maskelyne (1) Javier Pellicer (6) Javier Pellicer Moscardó (20) Jeff Abbott (1) Jimi Hendrix (2) Jitanjáfora (2) Joe Hill (1) José A. Fideu (1) José Antonio Castro Cebrián (13) José Ignacio Becerril Polo (3) José Luis Cantos (2) José Luis Muñoz (1) Juan de Dios Garduño (3) Juan Ángel Laguna Edroso (2) juvenil (1) Kadath (1) Kaleidosphere (1) Karen Chance (1) Karl Marx (1) Ken Robinson (2) Kenneth Fearing (1) Kid Bourbon (2) Kindle (1) korred (1) kunkún (1) La Biblioteca de los Muertos (1) La Casa de las Sombras (1) La Casa de los Espíritus (1) La Espada (1) La Factoría de Ideas (1) La Frontera Sur (1) La Hija de Hitler (2) La Marca del Este (2) La Puerta Oculta (1) La Saga de los Longevos (1) la Sombra de la Luna (1) la sombra del faraón (1) La Vieja Familia (1) La Última Confesión (1) laberinto (1) lamiñak (1) Lantana (1) lanzamiento (4) Largas Noches de Lluvia (1) Las Grandes Profecías de la Historia (1) Lectura (1) Legendarium (4) letraweb (1) leyendas (15) Librería Central (1) libro (9) Libro de la Muerte (2) libros (56) LibroVirtual (3) liquidación (1) locos (1) locura (2) Lola Montalvo (1) Lorca (1) Lorea Otsoa Honorato (5) Los Crímenes de Avignon (1) Lou Aronica (2) Luisa Fernández (1) Luna (1) Lupe García Araya (1) Lydie Salvayre (2) Línea Z (1) madre naturaleza (1) Madrid (4) mafia (1) magia (6) Manual de la Oscuridad (2) mapas mentales (1) Marc Levy (1) Marc R. Soto (1) Marc-Pierre Dylan (1) Marids (1) Marina (2) marta abelló (3) Martín Guevara Treviño (2) Martínez Roca Editorial (6) María Dolores García Pastor (4) meditación (1) Megustaleer (1) memoria (1) menciones (1) mensajeros (5) Mente Creativa (144) mentecreativa (146) microrrelato (3) Miedo (1) Miguel Puente Molins (1) miliplegaminos (1) Minotauro (2) Mislata (1) Miss Peregrine (1) Mister B Gone (1) misterio (13) mito (7) mitología (6) Monografías (1) monstruo (1) Montse de Paz (1) mosquito (1) muerte (9) mulhadhara (1) murcia (5) Mystica (1) Mª Dolores García Pastor (1) más allá (1) mâya (2) música (2) Nachob (2) naga (1) Natalia Astúa Castillo (1) naturaleza (1) navidad (2) Neil Gaiman (4) ninfa (1) nirvana (1) niños (1) niños peculiares (1) no ficción (1) noche (1) nocturna (1) Noguer y Caralt (1) Nortland (1) Nostromo (2) noticias (82) NovaGroup (1) novedades (74) Novela Histórica (2) Novela Negra (4) novelas (44) Noviembre (1) Nowtilus (3) Nueva Cultura del Apocalipsis (1) nuevo año (1) Nuevos Autores (3) numero uno (1) Nórdica (1) Núbilus (1) número uno (1) Obama (1) objetos animados (1) obra benéfica (1) OcioZero (2) Odín (1) Ojalá fuera cierto (1) Ojos de Lagarto (2) olha que blog manheiro (1) olvido (1) Onda Polígono (1) onírico (2) oportunidades (1) orgullo (1) Orizon Literar Contemporan (1) Oro Ciego (1) Orson Scott Card (1) osa (1) Oscura (1) Paco López Mengual (1) pareja (1) París (1) Patricia Highsmith (1) Paul Auster (1) Pedro Javier Martín Pedrós (2) pendrive (1) Philip Jenkins (1) Piezas Desequilibradas (2) planeta (3) Plaza y Janés (4) poesía (1) Poesía en la Distanacia (2) Postales desde el fin del mundo (1) prejuicio (1) Premio (1) Premio Cervantes (1) Premio Minotauro (1) premios (7) Premios Hache (8) presentación (13) programa (1) promoción (2) Propera Parada: Cultura (20) Prospectivas (1) proyectos (1) psicología (2) psicópata (1) Pulp Ficción (1) Pàmies (2) pérdida (1) querubín (1) Quijote Z (1) radio (3) Raelana Dsagan (1) Rafa Rubio (2) Rafael Estrada (1) Randolph Carter (1) Random House Mondadori (1) Ransom Riggs (1) Ray Bradbury (2) RBA (1) recomendaciones (1) reconocimientos (1) reflexiones (8) regresiones (1) regreso (1) relatos (135) reloj (1) reseñas (115) Resurrección (1) Rincón del Autor (1) RKB (1) roane (1) Roca Bolsillo (1) rojo (1) Rubén Serrano (1) Rubén Serrano (2) ruptura (2) sabiduría (1) Saco de Huesos Ediciones (3) salamandra (1) Salomón (1) Salto de Página (5) Salvat (1) San Pedro del Pinatar (1) Santa Inquisición (1) Santiago Morata (1) Sarah Langan (1) Sasiada (1) Scyla Books (1) Seix Barral (1) selkie (1) Senderos de Fantasía (1) Senderos de Mitología Olvidada (2) sensibilidad (1) sentimientos (1) seres (4) Sergei Lukyanenko (1) Sergio Parra (2) Shadows' Theory (2) shiva (1) shuarma (2) sidreria (1) Silencios Encontrados (1) Sin Nombre (1) Sniper Books (1) Sobrevivir a la vida (1) social (1) Soizik Stiwell (1) soledades (7) sorpresa (1) Star Spangled Banner (2) Stephen King (2) su universo a través (2) sueños (1) superpoderes (1) surrealista (1) suspense (4) teatro (1) Temas de Hoy (2) Teo Palacios (2) Terremoto (1) terror (12) Terry Pratchett (1) Teseo (1) The Fall (1) The Figth Club (1) The Hellbound Heart (1) The Lost Gate (1) tierra (6) Tilak (1) Timunmas (1) Tivo Creativo (1) Tocando fondo (2) Todos los Santos 2010 (1) Tombooktu (3) Tomás Romea (2) Top Digital (1) Top12 (1) torrevieja (1) tradicion (1) traicion (2) transformación (1) Tras el día del Sol Negro (1) trasgu (1) Trilogía de la Oscuridad (2) TusRelatos (1) Tyrannosaurus Books (1) un arbol en el jardín (1) una imagen en mil palabras (1) universo mágico (24) urgente (1) USA (1) vacaciones (2) Valdemar (2) Valencia (1) Valentín Fernández-Tubau (1) Valhalla (1) Valquirias (1) vampiros (1) Varios Autores (3) vejez (1) ventolín (1) VI Concurso Literario de Relato Breve Parkinson Astorga 2009 (1) Viaje a Bizancio Ediciones (1) Viajes por el Scriptorium (1) Vicente Garrido Genovés (1) victor morata (138) victor morata cortado (2) vida (7) Violant Muñoz (1) vista (1) vmc_icon (110) Volumen 2 (2) Volumen 4 (1) voz (1) Víctor Morata Cortado (162) weblog (1) willow (1) Woodstock (2) xana (1) Xavier Borrell (5) XLI Certamen Literario Albaricoque de Oro (1) XV Certamen Literario Semana Cultural de Benagalbón (1) XXIX (1) XXXVIII Concurso Internacional de Cuentos de Guardo 2009 (1) yeti (1) yoescribo (2) Z (1) zapatos (1) Zara Patricia Mora (3) zen (1) ZETA Bolsillo (1) Zombee (1) zombificación (1) Zombimaquia (2) zombis (5) Ángel Luis Sucasas (3) Ángela Y. Davis (1) ángeles (1) Ángeles de sangre (1) épica (1) Éride Ediciones (1)