viernes 29 de mayo de 2009

El Cubo

Estimados amigos blogueros, siguiendo en la racha de concursos no ganados (que no es algo que me preocupe en exceso), en esta ocasión el susodicho era el “XV Certamen Literario Semana Cultural de Benagalbón“, otro de mis relatos ha quedado liberado y antes de presentarlo a otro concurso (cada relato tiene el suyo y no me gusta repetir) he querido compartirlo con todos vosotros para vuestro deleite o sufrimiento (según se mire). Aprovecho así mismo para desearos un feliz fin de semana, lleno de creatividad para los que se mueven en el arte y lleno de buenos deseos y felicidad para todos los demás (pero también para los artistas, jejejeje). Aprovecho también para felicitar a esos toros y gemelos que han cumplido añitos en estas dos últimas semanas por si se pasan por aquí (Natalita, Anita, Mar, Mine, Rosana, Lorenica…) y los que ahora están a punto de cumplir (entre ellos yo, mi hermano y mi cuñada). En una semana, con el Día Mundial del Medio Ambiente, llegan mis 32, así que espero llevarlos si cabe mejor que estos que quedan atrás. Pero bueno, felicidades de momento a los cumplidos y feliz fin de semana a todos los demás. Y de regalo, un cubo, el de mi relato. Besos y abrazos a quien corresponda.

EL CUBO


Escalaba la Luna aquella noche clara cuando él decidió que su lugar estaba lejos de aquellos que moraban más allá de la colina, donde la naturaleza dejaba paso a los altos edificios grises estrellados unos contra otros, buscando una cercanía que al tiempo era lejana. En estos tiempos, los vecinos no se cruzaban por los pasillos, ni los amigos tomaban sus copas en el bar de la

esquina. En estos tiempos, la distancia ya no existía y, precisamente por esto, representaba un vacío abismal, una nada absoluta entre los individuos. Internet. Esa era la palabra que había separado a la Humanidad, engañándoles con la idea de una falsa unidad. Algunos de los que se encontraban en la red estaban tan cerca en la vida real que asustaba. Podía ser el vecino del quinto o la chica de la tercera fila en clase, uno de los pocos sitios en los cuales aún era imprescindible la asistencia. Pero ¿quién lo sabía? Ocultos bajo un nombre de usuario que escondía a su vez una compleja trama de selección, esta

ban niños y adultos por igual. Se movían entre sombras y viajaban en la mentira que ellos habían creado. Visitaban lugares virtuales que, en la mayoría de las ocasiones, eran fieles reproducciones de la realidad colindante. ¿Qué les hacía desear con mayor fervor lo que aparecía en sus pantallas que la realidad misma? A R, el muchacho que se escapaba de la urbe para adentrarse en el mundo despoblado, le parecía que los hombres y mujeres del planeta habían perdido el horizonte. De hecho, ha

bían perdido su propia identidad, se habían perdido a sí mismos y, como R pensaba, sería difícil que volviesen a ser quienes habían sido en el pasado, virtud que algunos ya no podrían disfrutar (sobre todo los más pequeños), pues aquello en lo que vivían era lo único que conocían.

R había nacido del mismo modo en que partía ahora, en silencio y sin mucha celebración. La única diferencia era que, al nacer (un error como otro cualquiera, quién iba a pensar que la realidad virtual pudiera llegar a esos extremos) había, al menos, otra persona más allí con él. Ahora, en

su despedida, estaba solo. No podía culpar a nadie. La sociedad había forjado aquel destino. Él tan sólo era un producto más. Y ni siquiera tenía un nombre de verdad. R, así le habían llamado. Hasta para eso se habían vuelto los humanos holgazanes.

En el tiempo que había pasado desde su nacimiento, R había investigado mucho acerca del lugar en el que se encontraba, no la ciudad sino el planeta. Había estudiado el comportamiento de sus gentes y la evolución que habían sufrido en los últimos siglos. El punto de inflexión se encontraba a finales del siglo XX, cuando el albor tecnológico se producía y proliferaba a un ritmo vertiginoso.

A mediados del siglo siguiente, todos eran meras extensiones de una amplia red cibernética que apenas tenía un desfase apreciable de 0,001 nanosegundo. R había descubierto que el tiempo era relativo en la red, al igual que el espacio. Podía estar en un lugar antes de salir incluso de éste y sin llegar a moverse del lugar que ocupaba. Eran los últimos avances en ORV (Otras Realidades Virtuales), prototipo posterior de lo que hasta ahora se conocía. Apreció numerosas diferencias respecto a los comienzos de Internet y a lo que ahora, en el presente, era o constituía ese concepto. Para empezar, el hardware ya no era el de entonces. Apenas existía, como reminiscencia de aquel pasado, un hexaedro no mayor que un dado. Era la CPU, ahora más conocida como El Cubo. Era ésta una pequeña base de operaciones que contení

a en sí todas las funciones de un sistema operativo avanzado y autoconfigurable. No tenía acceso para los diferentes formatos del pasado como DVDs, discos compactos o entradas USB. Eso era ya algo que había quedado muy atrás. Con el nacimiento de la Onda Virtual, los dispositivos de almacenamiento estaban por todas partes, flotando en el aire mismo. Eran unas ondas parecidas a las de radio que gozaban de cierta sensibilidad y, algunos afirmaban, constituían el principio indisoluble de los primeros rasgos de Inteligencia Artificial, pues aquellas ondas vagaban por el Universo y se veían atraídas o repelidas por las emociones de los seres vivos. Se movían como si tuviesen conciencia y vida propias. Era

así que Internet había evolucionado hacia un hermanamiento de mentes afines, de sensibilidades gemelas y estímulos comunes. Las ondas iban seleccionando seres humanos y agrupándolos en comunidades con intereses igualados. Sin embargo, los piratas informáticos habían ideado la FIS (Falsa Identidad Simulada) y, como si se tratase de un disfraz, tras ella se escondía la mayoría de los usuarios. Era su escudo personal. Era muy frustrante para todos mostrarse tan abiertamente, algo para lo que nadie estaba acostumbrado después de aquella revolución tecnológica. Vivir en una mentira era mucho más fácil. Sólo unos pocos se salvaban. R estaba entre ellos. Pero ¿qué podía hacer él? Ni siquiera era un humano convencional.

Las comunidades de usuarios afines (CUA), consiguieron preservar su intimidad hasta el punto de creer quienes decían ser. De ese modo, comenzaron a sucederse las enfermedades mentales de forma masiva, sobre todo aquellas relacionadas con desdoblamientos de personalidad o esquizofrenia. Si bien, la ciencia había avanzado tanto como la tecnología, era un mal que había superado con creces

las antiguas plagas de Cáncer y Sida que asolaron décadas atrás el planeta. Se podía decir que las enfermedades físicas habían sido erradicadas casi al completo. No así las psíquicas, que proliferaban con temerosa rapidez. El planeta había “evolucionado” tomando como base lo intangible e inexistente. A ese ritmo, pronto creerían tanto lo que imaginaban, esa otra realidad creada, que no se moverían de sus asientos pensando que ya estaban viviendo sus vidas, cuando, sin embargo, seguían el camino hacia una muerte segura, tanto física como mental.

Las calles habían comenzado a vaciarse. El tráfico había disminuido considerablemente. Las asistencias obligatorias a clase comenzaban a notar preocupantes bajas. El absentismo era una de las mayores lacras de la sociedad. El ser humano prefería fantasear en aquel mundo virtual. Ha

bía avanzado tanto que ya prácticamente no había diferencia entre una realidad y otra. R había sido el producto de una de esas realidades, ya no sabía muy bien cual. Sus padres, Tantra y SexMachine se habían conocido meses antes de crearle. Eran dos personas que jamás llegaron a verse el rostro. Confiaron en las mentiras que el uno al otro se contaban y luego... luego decidieron adentrarse en el mundo de la paternidad y crear una familia. Eligieron cada uno de los rasgos físicos de su bebé, desde el color de sus ojos hasta el último pelo que cubriría su cabeza. Luego eligieron el día de nacimiento y la evolución del embarazo. A continuación determinaron una psicología y un carácter preciso. Definieron una vida. Pero lo hicieron hasta que se cansaron de aquel juego, bien entrada la adolescencia del hijo de ambos. Si bien, como unos pad

res de verdad, Tantra y SexMachine habían seguido todo el embarazo, las visitas virtuales al ginecólogo y la matrona, el parto, los berridos nocturnos, los primeros días de colegio... llegó un momento en el cual no se soportaron. A los cuatro meses de estar juntos decidieron dar por terminada aquella relación virtual. Es evidente que el espacio y el tiempo (como bien apuntábamos anteriormente) funcionan de una manera un tanto distinta a la habitual. Así, al quinto mes, cada uno de los padres de R ya te

nían nuevas parejas y se habían olvidado de su hijo en alguno de los rincones cibernéticos. R quedó huérfano. Incluso cuando quiso buscar a sus padres, estos habían cambiado sus nicks.

Después de aquello, R tuvo pesadillas y la fiebre casi acaba con él por culpa de uno de esos malditos virus informáticos. Al superar aquel estado febril y ganar la partida a la muerte, algo extraño comenzó a sucederle. Comenzó a fluctuar, a aparecer y desaparecer aquí y allá. Su pensamiento fue absorbiendo cada bit de información que encontraba en la red. Su sabiduría y conocimiento fue creciendo gigas enteras por segundo. Y llegó un momento en el cual explotó. Sí, reventó y se expandió.

Luego se contrajo y ya no estaba dentro, sino fuera. Y fue estando fuera que lo vio todo con mayor claridad. Vio la maldición de aquel Cubo al que vivían sujetos millones y millones de seres humanos. Vio que las ciudades se habían convertido en tumbas abiertas sobre las que pronto se amontonarían los cadáveres y no cabría más que esperar a que los edificios se derrumbaran para sepultar los restos de una Humanidad perdida. R vio con tristeza aquello en lo que se había convertido el planeta. Siguió camina

ndo entre sombras, lejos de la ciudad, bajo la luz de la Luna. Quizá aún se pudiera cambiar el destino. Muchos lo habían hecho en la historia. Caminó. Se sensibilizó con su nuevo cuerpo. Apreció cada una de sus células trabajando en su interior. Sintió. Lloró. Todo era nuevo para él, las emociones se agolpaban y... eran tan reales. ¿Cómo aquellos que siempre habían poseído ese don habían renunciado con tanta ligereza a él? ¿Cómo habían renunciado a la vida? R subió la colina que separaba la naturaleza de la civilización. Del otro lado vio unas sombras moverse. Una veintena de hombres y mujeres se volvieron hacia él y clavaron sus ojos en el muchacho. Le sonrieron. Uno más había despertado. Lo que ellos aún no sabían era que, R jamás había existido. Hasta ahora.

martes 26 de mayo de 2009

Terrorífico Fanzine a la vista

Con el ánimo de seguir apoyando la iniciativa de Horror Hispano de nuestro amigo y colega escritor Darío Vilas Couselo, os dejo una interesante noticia al respecto y os animo a todos a participar.


A partir del próximo 15 de junio la web H-Horror comenzará la votación para la selección de los relatos que pasarán a formar parte del fanzine en papel de H-Horror. Los lectores debéis votar vuestros relatos favoritos. Aquellos que tengan más votos se incluirán en la revista, editada a través de Bubok. El maquetado, corrección y diseño se realizará a cargo de H-Horror.


Para votar vuestro relato favorito, tendréis que enviar un correo electrónico indicando "Mi voto" en el asunto, a la cuenta de correo: horror_hispano@yahoo.es


El plazo de recepción de votos finalizará el 30 de junio.


También se recuerda que, hasta la fecha indicada, aún estáis a tiempo de incluir uno de vuestros relatos, que se publicará en la página y participará en la votación. A partir de esa fecha, los relatos recibidos quedarían para el siguiente número del fanzine.

Aquí tenéis más información sobre el sistema de votación:

Cada persona puede votar una sola vez, y el voto será para un único relato de los que estén publicados en h-horror.com entre el 15/06 y el 30/06


Sólo se admitirá un voto por persona y cuenta de correo. Cualquier evidencia de que una misma persona pueda estar votando varias veces acarreará la eliminación del voto. No obstante, también se podrá emitir un segundo voto para relatos de la sección NoSoloHorror, pero deberá tenerse en cuenta que sólo se incluirá uno de estos textos, ya que en el fanzine debe primar el género de terror.


Ningún miembro de la administración de H-Horror, cuyos nombres figuran en la portada de la página, podrá participar de la votación, quedando en mano de los visitantes de la página. No obstante, sí se permite que sean votados los relatos cuyos autores sean parte de la mencionada administración. Sus obras publicadas se acogen a los mismos derechos de selección que las del resto de colaboradores.


Los votos deben enviarse a la cuenta de correo facilitada en la portada de la página, indicando el relato seleccionado, así como el nombre y apellidos del votante. Un correo para el voto del relato de terror, indicando "Mi voto" en el asunto del mail, y otro para el de la sección NoSoloHorror, indicando en el asunto "Voto NoSoloHorror".


Se incluirán los relatos más votados hasta alcanzar la extensión prevista para el fanzine, que rondará las 40 páginas. Esto está pendiente de confirmar según las pruebas de maquetado que realicemos y el precio que se derive de su coste de edición, ya que la intención es que sea lo más asequible posible. También se dará la opción de descargar el fanzine en pdf.


La administración de H-Horror se pondrá en contacto con los autores de los relatos seleccionados para solicitar su consentimiento para la publicación de su obra en el fanzine en papel, ya que son los legítimos propietarios de los derechos de autor y siempre se respetará la propiedad intelectual. Si alguno de los autores no está de acuerdo con su publicación, se notificará en las novedades de la web y se descartará. H-Horror no se reservará los mencionados derechos, con lo que sus autores son libres de publicarlos en cualquier otro medio.


Los autores no percibirán beneficios derivados de la publicación de sus obras en el fanzine H-Horror en papel, ya que se realizará a través del servicio gratuito de Bubok y sus beneficios se destinarán íntegramente como dotación de un certamen de relatos que se anunciará con antelación. La administración de H-Horror no se reservará ningún porcentaje de estos beneficios, no se trata de un proyecto con ánimo de lucro, sino de divulgar la literatura de terror hispana, que es la misma finalidad de esta página Web. En caso de que alguien manifestase algún inconveniente con respecto al destino de los beneficios, estos se cancelarían totalmente, dejando el fanzine a coste de producción, dato que se podría contrastar facilmente en Bubok. Asimismo, una vez que la recaudación fuese suficiente para afrontar la dotación del certamen de relatos, el fanzine continuaría a la venta, pero su precio se reduciría al de coste, para que no generase más beneficios.


No se establecerá una fecha concreta para la edición del fanzine, ya que su puesta definitiva a la venta dependerá del tiempo de que disponga la administración de esta Web para dedicar a la maquetación y diseño. En todo caso, se comenzará a trabajar con los relatos seleccionados en cuanto finalice el período de votación, y se irá informando periódicamente de las novedades al respecto. Lo importante es que el resultado sea de la mayor calidad posible, y que haga justicia a las obras que recopile.


Si existiese alguna clase de desacuerdo con la publicación del fanzine, tanto por parte de los autores como por la de la administración de la página, se cancelaría el proyecto de forma definitiva. Se trata de dar a conocer nuestras obras, de colaborar en un proyecto ilusionante que pretende rescatar un tipo de publicación, el fanzine de terror, que escasea hoy por hoy en nuestro país.


Gracias de antemano por vuestra participación, y mucha suerte a los autores.

lunes 25 de mayo de 2009

Presentación de "La Última Confesión" en FNAC Murcia

Hola a todos en este lunes, comienzo de semana que espero no pese tanto como suele por tópico mismo atribuido. Hoy quiero tan sólo hacer crónica breve sobre lo que hace un par de días atrajo mi atención gracias a mi buena amiga Claudia Bürk: la presentación del libro “La Última Confesión” de José Antonio Castro Cebrián.

Fue un acto sencillo, pero no por ello carente de cierta magia. Allí estuvimos dando nuestro apoyo a José Antonio, una gran persona que tuve el placer de conocer en esta presentación, su esposa Lita, Melissa y Fernan, Evan y yo, además de escritores que ya despuntan en el panorama como son Patrick Ericsson y Paco Martínez Mengual. Para todos no tengo más que palabras de halago más que merecidas, pues vi en ellos estupendas personas de gran corazón, desde el autor hasta cada uno de los que luego disfrutamos de la mutua compañía tras el acto.

El acto en sí, realizado en la FNAC de la Nueva Condomina de Murcia, fue presentado por Claudia Bürk, amiga y escritora que no tardará en sentarse al otro lado y ser ella la presentada, estoy seguro de ello. Para ser la primera vez que lo hacía, estuvo más que bien, dando pie en muchas ocasiones a resolver ciertas incógnitas con preguntas directas al autor, complacido siempre con estas intervenciones. Después de la introducción que Claudia hizo sobre la obra y el autor, a quien comparó con John Katzenbach y afirmó que bien podríamos tener aquí a un digno sucesor de Stieg Larson, cedió la palabra a José Antonio que, con su buen humor nos terminó de amenizar la velada y nos ofreció un lado más íntimo, ya no de la obra, sino del autor y del proceso mismo de creación. Después de una ronda de preguntas del público, acabó todo con la firma de ejemplares de su libro. Lo que sucedió después me lo reservo, lo guardo en el baúl de los buenos recuerdos. Espero que el autor siga escalando posiciones con su obra y, sobre todo, poder seguir disfrutando de tan agradables momentos y experiencias junto al grupo que ese día nos reunimos movidos por el “azar”. Mis mejores deseos a José Antonio con su “Última Confesión” y a todos los que hicieron de aquel día una experiencia inolvidable. Besos y abrazos a quien corresponda.


Por cierto, para quienes quieran adquirir el libro, lo pueden hacer a través de la web del autor: http://www.joseantoniocastro.com o del enlace que he puesto a la izquierda de mi blog.

Y aquí unas pocas fotos del acto, quien quiera verlas todas habrá de ir al Facebook. Hasta pronto.

viernes 22 de mayo de 2009

Alondra

Queridos amigos y blogueros, he aquí otro de esos relatos creados ex profeso para un concurso, en este caso se trataba del V Certamen Femenino de Narrativa Ciudad de Chinchilla 2009. Tal vez no hubo suerte o quizá no caló como pretendía en el jurado y es que me cuesta tanto desligarme de mi propio estilo anexionado a lo fantástico de un modo u otro… Bueno, aquí os lo dejo y ya me comentáis. Besos y abrazos a quien corresponda. Feliz fin de semana. Por mi parte se presenta interesante (mañana iré a la presentación de “La última confesión” en la FNAC de Murcia). Lo dicho, ahí va el relato.


ALONDRA

Los ojos de quienes la miraban estaban repletos de compasión, desbordados por lágrimas o llenos de esa misericordia que se le desea al alma de los muertos allende vayan una vez abandonan este mundo. Sin embargo, los de ella, la muerta, en el interior del féretro, aún reflejaban la dureza de quien no se rinde, la de una luchadora. Así era Alondra, una mujer con las alas bien dispuestas para volar, una amazona a quién nadie podía ni debía privarle de sus libertades ni de ninguno de sus derechos. Lo lamentable era, y he aquí el disgusto de todos los congregados en el velatorio, que muchos, en su orgullo machista de sentirse por encima de ella, habían tratado de poner freno a la vida de Alondra y, finalmente, alguien lo había conseguido, llamando a la muerte antes de que ésta se acercara a recoger a su huésped antes de la hora convenida con la vejez. Las plañideras lloraban quejumbrosas entre gritos de dolor fingido y una falsa desazón que, en el fondo de sus corazones, sonaba a “ya te lo dije” o a “eso te pasa por darle la espalda a tu hombre”. Parecía increíble, abrumador, que en los tiempos que corrían, aún el mundo siguiera atrayendo esos pensamientos a las mentes, sobre todo las de las más torturadas. Esas mujeres, sometidas al qué dirán, se ponían el disfraz de sufridoras, de amigas, de compañeras, vecinas y familiares, lejanos o cercanos, y emitían un lamento lastimero, arrastrándolo por el pliegue de sus prendas negras en señal de luto. Cuánta hipocresía se escondía en ellas. Eran las mismas que aguantaban una paliza porque decían que en algo tendría razón su marido cuando les levantaba la mano; o esas otras que sobrellevaban la casa a cuestas, con los niños, las tareas y los desajustes del que venía cansado y con mala sangre del trabajo. Eran ellas las que no podían estudiar ni seguir con sus vidas porque su papel ya lo había fijado la sociedad o su misma educación, haciéndoles sentir culpables por seguir un camino ajeno al que “debían”. Y ahí estaba Alondra, metidita en su ataúd, con la mirada puesta en el cielo y la piel de un tono ceniciento que ni el maquillaje conseguía disimular. Ella era el ejemplo, la excusa que todas necesitaban y por la cual todas acudían a velar, de que nunca debió hacer lo que le vino en gana sin esperar consecuencias tan nefastas.

La mirada estaba perdida en el techo, pero no vacía. La muerte no le había arrebatado la vida contenida en esos ojos de un azul intenso, ni la fuerza que invadía sus entrañas. Tan sólo le había arrebatado lo que podía, algo que nada tenía que ver con su dignidad ni con su fortaleza, algo lejano, lo máximo a lo que podía esperar arrebatar alguien con las entendederas de su asesino. Aquel había sido el que pretendió un día hacerla feliz dentro de una prisión. “¿Acaso crees que soy un pájaro al que encerrar en una jaula?”, le dijo Alondra a Tomás en una ocasión, recién contraídas las nupcias. “Que no te engañe mi nombre, Tomás, que a mí no me echas argollas ni cancelas”, fueron las palabras con las que Alondra marcó su vida en una especie de límite infranqueable. Eran, en el fondo, dos enamorados que comenzaban una vida juntos, con planes de futuro y alguna que otra riña sin importancia. Aquellas palabras se quedaron años en el aire, pero no se disiparon. Se fueron enrareciendo hasta hacer el ambiente irrespirable. Eso fue lo que sucedió. Que ni ella ni él podían estar en la misma habitación sin que la mala hierba creciese en torno a ellos y, por más que la arrancasen, crecía más y más. Por eso, a pesar de sus hijos, Alondra tuvo que poner punto y final a la relación de siete años y comenzar desde cero. Por eso y por la primera y última paliza que le propinó Tomás al volver una noche de verbena. Fueron tres costillas, decenas de moratones, algunos mechones menos, el labio partido y un ojo hinchado. Y aún así, contra todo pronóstico, tuvo el valor de mirarse al espejo y gritar “hijo de puta” a su reflejo, para que lo oyera bien fuerte. La puerta cerrada y Tomás gritando del otro lado. El teléfono entre las manos temblorosas de Alondra y una voz que contenía la rabia con esfuerzo. El pensamiento de lo que pudiera pasarle a sus hijos hizo que marcase el número de emergencias.

Tomás dejó de gritar cuando oyó que llamaban a la puerta y vociferaban con aridez. La ley golpeaba la madera y él quiso espantarla con un chillido de aquí no pasa nada. Pero la voz entrecortada de Alondra se alzó sobre el resto y llegó hasta los oídos de los uniformados. Tiraron la puerta abajo y llevaron esposado a aquel malintencionado. Fue la penúltima vez que piso aquella casa, no la última que lo intentó. Mientras alguien calmaba a los niños, pendientes y sorprendidos en el quicio de la puerta que daba al pasillo, llamaron a la puerta del baño. Alondra, sentada en el suelo, conteniendo las lágrimas y apretada contra sí misma, alzó el brazo y retiró el cerrojo. Unos hombres corrieron a socorrerla envueltos en chalecos naranjas y la llevaron en camilla. Los vecinos agolpados en el descansillo con las manos tapando sus bocas abiertas y santiguándose hacia el cielo por la barbaridad que estaban presenciando. Ninguno de ellos hizo nada entonces, ni lo haría jamás en las decenas de veces que sorprenderían a Tomás saltándose la orden de alejamiento, o gritando en la escalera hacia la puerta de su casa... Se agazapaban en sus casas, subían el volumen de los televisores o hacían oídos sordos. Sabían que la tormenta de insultos y los golpes en la puerta cesaban al final y Tomás, abatido, se marchaba hacia Dios sabe dónde a pernoctar. “Qué pena, con lo felices que parecían”, se decían las vecinas en la hora del cotilleo, siempre atentas a cualquier chismorreo que pudiera sacarles de sus casas como excusa de compartirlo con la de al lado. “Que si la Alondra ahora estudia una carrera; que si el hijo mayor no tiene quien le lleve al colegio; que vaya poca vergüenza la de la vecina que se trae chicos más jóvenes que ella a casa y dice que es para estudiar...”. Eran los comentarios de las mismas que luego llorarían en su funeral. Esos mismos comentarios que trascendían las paredes del edificio y se convertían en rumores que llegaban al bar de la esquina y a oídos de los hombres. Eran los rumores que luego volaban entre partidas de dominó y tiradas de mus hasta los trabajos en la obra o en el campo o donde fuese. Los mismos que se transformaban hasta adquirir una forma irreconocible y se posaban en los oídos de Tomás. Fueron esos rumores los que mataron a Alondra. Su ex marido tan sólo fue el ejecutor, pero aquellas palabras envenenadas fueron el arma homicida.

Encendido, Tomás llegaba a su antigua casa e insultaba a Alondra hasta que su voz se rasgaba. Solía hacerlo a altas horas de la noche, borracho y airado. Consumido por la maldición de aquellos rumores, insistentes, incesantes, en su cabeza. Y entonces su ex mujer era una perra y una puta y una mal parida. Insultos que se quedaban cortos ante la maldad que aquel hombre enajenado escupía contra las paredes de aquel primero B de un barrio de clase media. Los vecinos despertaban, pero simulaban estar dormidos. Ninguno se atrevía a salir. Por la mañana, dirían que aquella mujer le había hecho tanto daño a su marido que lo había vuelto loco. Las culpas siempre recaían en Alondra. Y siempre lo hacían bajo un supuesto, bajo una imaginación enturbiada.

En el tiempo que gozó Alondra de libertad, consiguió estudiar una carrera a la vez sacaba adelante a sus hijos con un trabajo a tiempo completo. Tenía turnos de noche y los huesos molidos, pero su fuerza hizo que aquello no mermara sus deseos de salir adelante y dar una vida mejor a los suyos. Sus padres se hacían cargo de los niños en muchas ocasiones y le ayudaban bastante. Que la universidad fuera a distancia también favorecía la distribución de sus horas. De este modo, Alondra acabó en tiempo record su licenciatura y fue coronada con laureles. Encontró un trabajo mejor y empezó a prosperar. Pasaba más tiempo con sus hijos, nada ajenos a la situación con respecto a su padre, y jamás dejaba pasar un día en el que no les demostrase lo mucho que les quería. Nunca hubieran podido imaginar que unos ojos los vigilaban retorcidos de una envidia insana, que una mente urdiendo venganza se agazapaba no muy lejos de cada paso que ellos daban. Las visitas de Tomás se habían hecho menos frecuentes y la vida era más tranquila que de costumbre. No podían pensar que aquella paz se iba a ver truncada ni que encerraba una trama mucho más peligrosa. Fue el momento en que Alondra tuvo tiempo para rehacer su vida social y decidió salir a divertirse el que aprovechó su ex pareja para asaltarla a su vuelta a casa. Los niños estaban en casa de la abuela. Alondra iba contenta, satisfecha de sus logros y un poco bebida. Habían celebrado, ella y unas amigas, el éxito con el que ahora se alzaba su vida. No pudo advertir la presencia de Tomás a su espalda mientras abría la puerta. De un empujón la tiró al suelo y cerró la puerta tras de sí. Y aquel veneno se cernió, por última vez, sobre la mujer. No hubo gritos. Fue un acto silencioso. Un acto íntimo y mortal.

Dejó el cadáver tras de sí. Salió de casa como si nada hubiese sucedido. Cerró la puerta y mantuvo la sonrisa mientras bajaba las escaleras. Fue el principal sospechoso y la policía fue a buscarle. Él negó los hechos y se mostró sorprendido de ser acusado cuando llevaba tanto tiempo sin atormentar a su ex mujer. No le creyeron y buscaron testigos entre los vecinos. En esos momentos, relataron exaltados las muchas veces que el hombre venía a altas horas de la noche y aporreaba la puerta, los gritos y los insultos. Era demasiado tarde para eso. Salieron en las noticias y repitieron la retahíla ante las cámaras, dándose importancia. Al mismo tiempo, su pensamiento se encontraba dándole vueltas a lo golfa que era esa mujer y lo mal que atendía a sus críos y la casa. Pero la hipocresía no se veía por televisión, solamente unas personas desoladas que no había podido hacer nada por evitar la tragedia. Una tragedia atraída por el rumor envenenado de las elucubraciones mentales de cuatro personas aburridas. Un final sin castigo, pues Tomás apenas pisó la sombra de la cárcel.

Alondra hubiera querido lo mejor para sus hijos. Fue lo último que pasó por su cabeza mientras las manos de Tomás le rodeaban el cuello y la dejaban sin aliento. Su vida pasó ante sus ojos en un segundo, como decían que solía suceder cuando la muerte venía a llevarte. En ese instante, despertó robando una gran bocanada de aire a la estancia. Se alzó sudorosa, empapada de pies a cabeza. Alondra miró a su alrededor, asustada. Estaba desubicada. La realidad trataba de cobrar forma mientras su mente aún caminaba aturdida entre sombras. Todo fue a ella de forma vertiginosa. Tomás... los niños... el funeral...

Esa mañana, hizo una llamada. Un muchacho descolgó el teléfono del otro lado. Sin dar explicaciones, Alondra le dijo que no quería volver a verle, que lo suyo no tenía futuro. El chico se llamaba Tomás, apenas era un adolescente. Era un buen chico, parecía un buen chico. No era esta la primera vez que Alondra tenía esas pesadillas. Sin embargo, hasta entonces, jamás había sido protagonista de sus ensoñaciones. Cada vez que tenía uno de estos sueños, la vida se sucedía a pies juntillas, sin apenas variar un ápice. Apenas había errado en un par de ocasiones, y por detalles mínimos. Su visión era muy real. Ante ella había pasado toda una vida. Pudo reconocer a la mayoría de quienes estaban en el velatorio. Todos y cada uno de ellos, a excepción de sus hijos (que aún no tenía) y sus padres, eran culpables de su muerte. De una forma u otra todos habían contribuido a su final. Habían vuelto la mirada hacia otro lugar, tapado sus oídos o creado bulos que crecieron como bolas de nieve en su contra. Ahora ya no importaba, esa gente encontraría otra víctima a la que martirizar.

En cualquier caso, Alondra encontró la libertad a través de un sueño antes de que esta le fuese arrebatada. Desde ese día, decidió hacer lo que en su visión, estudiar una carrera y crearse un futuro. No se quedaría de brazos cruzados. Fue ella quien creó la fundación MSM (Mujeres Sin Miedo) y quien ayudó a tantas y tantas otras a reorganizar sus vidas. Fue la que consiguió que la ley hiciera justicia y que aquellos que osaron alzar su rabia contra el indefenso dieran con sus huesos en la cárcel. Ella, Alondra, hizo de la igualdad su carrera y de ella se nutrieron miles de personas. En cualquier caso, la muerte no obvió su visita y la llevó consigo cuando debía. Contaba ya ochenta y muchos años cuando la enfermedad le quitó la vida. Esta vez vio su funeral, no desde un sueño, sino desde su marcha. La gente que lloraba su pérdida era bien diferente, pero sus ojos penetrantes y feroces seguían siendo los mismos ojos azules llenos de vitalidad. Seguían siendo, y así los recordarían, los de una gran luchadora.



martes 12 de mayo de 2009

Tres Tristes Textos

Queridos amigos y blogueros, como últimamente no me habéis leído nada nuevo puede que penséis que estoy parado, nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que estoy liado con diversos proyectos literarios, entre los cuales hay un par de novelas, varios relatos, concursos, colaboraciones, etc... y otros que prefiero callar de momento. En cualquier caso, eso no quiere decir que tenga una carrera literaria espumeante ni que preparar textos para concursos tengan los frutos que uno desea. Por eso, una vez presento a concurso un relato (o varios) y veo que no ha tenido éxito, por regla general no vuelvo a remitirlo a ningún otro. Teniendo en cuenta que ahora escribo para el concurso en concreto para que sea inspirado en el mismo y completamente original e inédito, hay un buen número de relatos que no se me conocen y que, conforme vaya descubriéndose el fallo del jurado, es posible que vaya presentando aquí para dar más dinamismo y vidilla al blog. No digo con esto que sean buenos relatos ni malos, en este caso, simplemente no han ganado el concurso.

Estos son los tres microrrelatos que presenté al 3er Concurso de Micro-Relato Onda Polígono y que no resultaron ganadores. Aquí os los presento, uno detrás de otro para que los leáis y, en la medida de lo posible, disfrutéis. Últimamente hay mucha demanda de este tipo de relato en los concursos, ¿será que el jurado y los organizadores están cansados de leer? Bueno, no me lío más. Un fuerte abrazo a tod@s.




EL ÚLTIMO NÚMERO


Un número perforaba mi cabeza insistentemente. Su significado permanecía oculto. Nada de lo que sus líneas dibujaban era relevante para mi corta inteligencia y mi memoria no conseguía encontrar las claves de aquel rompecabezas. Hice mil millones de combinaciones con cada una de sus partes. Lo volteé hacia arriba y hacia abajo, como si de ese modo pudiera exprimir su secreto en una especie de jugo matemático. Busqué combinaciones imposibles, similitudes inverosímiles entre números primos e incluso traté de emparentarlo con el famoso Pi. Nada de eso funcionó. La desesperación me roía las entrañas. Mis sienes anunciaban un estrepitoso fracaso con un palpitar incesante, abrumador y doloroso. La cabeza comenzó a darme vueltas y los ojos se me nublaron antes de sentir una presión punzante en las pupilas. Todo giró a mi alrededor y los garabatos se mostraron socarrones en el aire, flotando ante mí. La delgada línea que separaba la ficción de la realidad se rompió. Alargué mis brazos en un acto desesperado. Fue inútil. La nausea me invadió e hizo que me arrodillase. Sumiso ante el desconcierto, los números se ordenaron ante mis ojos. Era la última sucesión numérica de la bomba que estaba a punto de estallar.


SOLEDAD


Antes de existir ya era. Y era porque tenía plena conciencia. Partiendo de esto, la única pregunta que cabía hacerse era ¿quién fue el Creador? ¿Quién dio la chispa a la vida que mi ser contenía? Y, más importante aún ¿por qué era capaz de hacerme estas preguntas cuando ya fui antes de la propia existencia?

Me moví entre galaxias, acariciando el polvo que las estrellas dejaban a su paso en estelas plateadas. Navegué por todo el Universo en busca de vida inteligente o, al menos, algo que irradiara una esencia vital. No obstante, jamás encontré el espejo en el que ansiaba verme reflejado. Mi ego estaba tan pagado de sí mismo que al reventar, como una onda expansiva, se devoró de dentro hacia afuera y me trajo hasta el lugar en el que me encuentro: un planeta llamado Tierra.

He aquí que he hallado vida en este mundo, una luz en la oscuridad. Sin embargo, al encontrarme frente a las criaturas que lo habitan, me he dado cuenta, más que nunca, de lo solo que me encuentro en este vasto infinito.


CUESTIÓN DE AZAR


Con desesperación, se acuclilló para coger algo del suelo. Tres pares de ojos lo miraban escrutadores. El sudor le recorrió la frente y resbaló hasta sus mejillas, mezclándose con las lágrimas incesantes, unas lágrimas que anunciaban el final del trayecto, un final como el del río que disuelve sus aguas en el mar. Quiso quedarse allí abajo, pero una mano lo agarró por la pechera y le obligó a ponerse a la altura de sus tres acompañantes. Sus rostros eran poco afables y su aspecto no buscaba amigos, sino todo lo contrario. Eran enemigos de la vida misma, no había más que mirarles a los ojos para saber qué es lo que esperaban del mundo. Tal vez había sido cosa del azar, del tono de su piel o de su acento. Tal vez una mezcla de todo. Fuese como fuese, le habían sorprendido sin que pudiese oponer resistencia. Y ahora estaba allí, apretando con fuerza aquel pequeño objeto; él decidiría su destino. Los tres cabezas rapadas empujaron al muchacho y le instaron a que procediese. La última imagen que vio fue la del dado cayendo a sus pies susurrando una única palabra: muerte.


viernes 8 de mayo de 2009

H-Horror abre sus puertas

Hoy tengo que dar una gran noticia y es que un nuevo proyecto amanece, ve la luz, nace… Nos encontramos ante un nuevo camino que ha tratado de abrir nuestro buen amigo Darío Vilas Couselo, al que algunos conoceréis de Tus Relatos y otras páginas como Xulio Estón y como precursor del Proyecto Voces. Si no lo conocéis, pues tan poco pasa nada, porque aquí llega la oportunidad de hacerlo a través de la web que ha creado y que, a pesar de que aún está creciendo, es tan sólo una bebeweb, tiene visos de ser tan alta como el que más. Os hablo de www.h-horror.com , una página que Darío quiere orientar hacia el terror de creación hispana, dando así un nuevo enfoque a este género dentro de la literatura. No obstante, en la página tienen cabida otros géneros en un subapartado que el autor ha creado para textos de otra índole. Aún, como decía, está creciendo, se puede decir que cuando leáis esto aún estaremos retirando la placenta, y en este momento ya se está iniciando la recepción de relatos para su posible publicación en la web. Así que, todo el que esté interesado, está invitado a enviar sus relatos de terror a la dirección de correo que aparece en el inicio de la web. Pronto también se subirán artículos y demás. Como digo, esto está creciendo y aún ha de madurar mucho. Darío planea incluso darle soporte físico y crear un fanzine, así como un concurso de los beneficios del mismo, pero todo esto son ideas que aún se van forjando y que el tiempo irá poniendo en el lugar que corresponda. Os invito a visitar la web y colaborar. Como poco pasaréis un poquito de miedo a la española, o eso se intenta. Un fuerte abrazo a todos.


jueves 7 de mayo de 2009

El Café del Autor

Buenos días a todos. Hoy quería dar a conocer un nuevo blog que descubrí gracias a mi buen amigo Javier Pellicer y en el que he tenido la suerte de encontrar a otros autores que se ya se habían cruzado con anterioridad en mi camino. Hablo de EL CAFÉ DEL AUTOR, un lugar dedicado a la presentación de nuevos (y no tan nuevos) autores en la red para darles una oportunidad de darse a conocer y extender la llama que cada uno de los escritores encendió con sus palabras. El blog lo llevan compartido, muy hábilmente, Francisco Brotons y Zara Patricia Mora. Yo he tenido la suerte de ver publicitadas mis obras en este blog y debo, al menos, mi gratitud por su gesto. Qué mejor manera de hacerlo que dándooslo a conocer. Su filosofía es sencilla y aquí la ofrezco en palabras textuales para que conozcáis un poco más sus intenciones:


Los autores que formen parte de este café (del Blog), deberían participar comprando o descargardo a su elección, aquellos libros de su interés, del escaparate del Café; y que nos hablen, nos den su impresión.

Con esta fórmula de trabajo, los miembros del Café son autores, críticos literarios y clientes de los libros del escaparate del café; siendo esta, una manera estupenda de compartir, aprender de las sugerencias, de las experiencias de otros autores miembros del club (del Blog). Una forma de promocionar, dar a conocer, ver que se dice de nuestra obra, de vender nuestros libros.

De igual modo, para quienes quieran formar parte de este proyecto, Francisco y Zara nos ofrecen una pauta sencilla: sólo tiene que enviar al correo del administrador (Francisco Brotons), francbuzon@telefonica.net, una imagen en JPG de la portada de su libro y una pequeña introducción o sinopsis, así como el enlace a su blog o página web. Desde aquí, sin extenderme más de lo necesario he aquí la dirección de su web para vuestro deleite. Un fuerte abrazo y hasta la próxima.

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