Hola a todos, no me voy a extender más que lo suficiente para pegar a continuación lo que el buen amigo Darío expuso en su web de Horror Hispano para todo aquel que esté interesado en cualquiera de las cosas que propone. Como él lo explica muy bien no creo necesario aportar más de mi cosecha, así que ahí va:
¡¡¡ FANZINE A LA VENTA EN BREVE!!!
Se ha hecho una primera edición del fanzine de 100 ejemplares, con los relatos que habéis votado como vuestros favoritos de la Web. Estará disponible en algunas librerías o mediante pedido. El coste por ejemplar es de 3.50€ + gastos de envío (el coste de los gastos dependerá de la forma de envío, que se acordará con cada comprador individualmente).
Podéis pedir vuestro ejemplar en esta cuenta de correo:
Una vez agotada la primera edición, el fanzine continuará a la venta únicamente a través de Bubok (que es la opción que se acordó de inicio y se cambió debido a los altos costes de edición que marca esa editorial): 7.02€ el ejemplar, incluyendo los relatos seleccionados y artículos. También está ya disponible la versión descargable en pdf del fanzine, que podéis adquirir en el siguiente enlace:
Nota: La versión descargable no es igual que la impresa, ya que no teníamos limitaciones de espacio ni se incluyó publicidad.
Si alguien está interesado en incluir publicidad en la Web o futuros números del fanzine, que se ponga en contacto a través del correo principal de la página, que figura al pie, o de la administración, que es el siguiente:
Podéis consultar las bases de la primera convocatoria para el fanzine aquí.
Para el segundo número, el sistema de selección será distinto. Como ya anunciamos en las bases de la votación (recomendamos consultarlas en el enlace que hemos puesto más arriba) los beneficios de la venta del fanzine se destinarán íntegramente como dotación para un certámen de relatos de terror. Habrá sólo un ganador, pero los diez finalistas pasarán a formar parte del segundo número de la revista.
Colgaremos las bases del certámen de relatos en cuanto se haya recaudado lo suficiente.
Hola a todos de nuevo. Después de los días de excitación que se han sucedido en mi vida por diversos asuntos, entre los cuales desvelaré que dejaré de ser hombre soltero en poco más de un año, vuelvo a este espacio con un relato sin importancia. Digo sin importancia porque este es uno de esos de los cuales no te importa desprenderte y que creo que no ha ganado el premio al que lo presenté porque verdaderamente no lo merecía. A veces, cuando un concurso pide una contextualización precisa, un tema concreto o una extensión determinada, las neuronas no funcionan al ritmo que debieran, o tal vez todo eso sea una excusa para justificarme. Sin embargo, no quería dejar de compartirlo con todos vosotros, pues no sólo lo excelso ha de mostrarse, sino todas las caras que pueda ofrecer un escritor, sobre todo si está en ciernes, aprendiendo y creciendo, para que opinéis y me ayudéis a seguir mejorando. Este es un tema manido, lo sé, y por eso la motivación al escribirlo creo que quedó ciertamente algo cercenada. En cualquier caso, este relato fue presentado al II Concurso de Relatos de Amor "Do not disturb" que organizaba el Hotel Montíboli. Bueno, no me dilato más. He aquí el relato.
AMOR EN LA BARRA DE UN BAR DE HOTEL
Como muchas de las historias de amor que un día comienzan, la mía lo hizo en la barra de un bar. Pero no uno cualquiera, sino el del hotel en el cual me hospedaba. Puede que parezca un tópico, pero mi vida ha estado siempre rodeada de tópicos y lo acepté sin más, viéndolas venir mientras mojaba la garganta con una simple cerveza.
No la vi acercarse. No me percaté cuando alcanzó un taburete y tomó asiento a mi lado. Su dulce voz, acaramelada, susurró “fuego” y yo, obnubilado, no fui capaz de reaccionar. Eran tiempos en los cuales el humo aún conformaba una neblina allá donde se iba y a nadie le importaba. Apoyó los codos sobre la barra, aproximándose con los ojos entornados y el cigarro entre sus labios. Aquellos ojos verdes hicieron que me estremeciera y casi me atragantara. Nervioso me hurgué los bolsillos y, sin guardar compostura alguna, con el aire de un estúpido más que el de un apuesto galán, descubrí mientras lo hacía el encendedor sobre la barra, encima del paquete de tabaco. Me miró divertida. Apartó un mechón de su melena rojiza y alargó la mano. Ella misma cogió el encendedor y se prendió la llama. Luego llamó al camarero con un leve gesto y éste le sirvió una cerveza. Pensé que, al menos, no era una de esas estiradas que bebían Martini seco con aceituna o alguno de esos otros cócteles con nombres de lugares como Manhattan o San Francisco.
Lo que sucedió a continuación fue que ella no se marchó después de la primera cerveza. A mí no me importó. Tenía una compañía agradable, buena conversación y cerveza fría. ¿Qué más podía pedir? No más de lo que obtuve. De aquel bar, cuando ya apagaban las luces anunciando el fin de la noche, la chica me atrajo con su sensualidad hasta una de las zonas con más ambiente de la ciudad. Seguimos bebiendo y la conversación alcanzó un tono más íntimo. La música excesivamente alta y las ganas que teníamos de comernos el uno junto al otro, crearon la excusa perfecta para que nos hablásemos al oído. Los roces fortuitos se transformaron poco a poco en caricias y las palabras perdidas en besos en la nuca.
Borrachos como cubas, fuimos de la mano sin mediar palabra por toda la ciudad hasta el hotel. Cada poco parábamos a besarnos como dos chiquillos. No tardamos demasiado en llegar, o así me lo pareció a mí. Luego se sucedieron las risas, las sombras a contraluz, la ropa sobre el suelo y las sábanas revueltas salpicadas de champagne.
Seguí viviendo los tópicos de una vida normal y corriente. Amanecí solo y desnudo en el suelo de la habitación, con una copa vacía en una mano y una tarjeta en la otra. Me di cuenta que en toda la noche no nos habíamos dicho los nombres. Y antes de romper la magia y el misterio, a punto de desvelarse en aquel trozo de papel, cerré el puño y dejé que la hoja se arrugara en su interior. Había cosas que era preferible no saber. En pleno solsticio de verano, solitario y amador, nada como una típica historia de amor entre desconocidos que reavivara la llama dormida. Después de aquella noche, siguieron otras. La mayoría, como un lobo hambriento en busca de caperuzas rojas, era yo el que se acercaba a aquellas mujeres solícitas de amor furtivo. Y cada vez era como la primera que me enamoré, pero al tiempo diferente. Cada noche me volvía a enamorar en la barra de un bar de hotel y cada noche acababa enredado en los brazos de una nueva fémina. Ninguna de ellas jamás volvió a saber de mí, no obstante ninguna de ellas volvió nunca a pasear su infelicidad por las calles del mundo. Porque, ¿qué mejor manera de dar en el blanco, que ser tu mismo la propia flecha? Ser cupido no es fácil en estos tiempos que corren.
Hola a todos de nuevo en mitad de este calor infernal que nos trae este año el verano. Os traigo aquí un relato dos veces "no premiado" en los concursos a los que lo envié: el "XLI Certamen Literario Albaricoque de Oro" y el "I Certamen Literario UNED-Cartagena". No quiero decir con esto que me embargue el desánimo ni que tenga la calidad necesaria para declararse ganador, ni mucho menos; tan sólo quería haceros partícipes de la implicación que ha tenido este relato antes de ver la luz. Como decía en posts anteriores, estos relatos presentados a concurso están escritos exprofeso como medio motivador y ejercicio práctico mientras sigo con otros proyectos que nada tienen que ver con el relato. Así, sin más preámbulos, os dejo para que leáis, si estáis a bien hacerlo y el calor no os derrite y os lo impide, este relato. Besos y abrazos a quien corresponda.
RAYOS DE LUNA
Cuándo empieza un cuento y cuándo acaba la realidad es un misterio que muy pocas veces cuenta con un testigo fiable. Hay historias que se las acaba llevando el viento y otras tantas que guardan su forma bajo los entintados garabatos de una hoja arrugada; hay narraciones que deambulan en torno a una hoguera, adornadas con miradas hoscas y exclamaciones de aturdidos niños, y otras que se apagan con la luz que acuna a esos que sólo encuentran sus sueños en el pliegue de un libro. Hay tantas historias como narradores y tantos narradores como oídos estén dispuestos a escuchar y dejarse llevar por la fantasía de otros mundos o por la más cruda realidad de este planeta. Y, sin embargo, tan sólo hay un testigo impasible que, en ciertas ocasiones, mira con atención allá abajo, donde se forjan las vidas, y guarda para sí cada valioso secreto que se desprende de cada mortal. Ese mudo testigo de poesías y cuentos no es otro que la Luna.
Diosa Selene para sus eternos adoradores, nacarada faceta para románticos noctámbulos, ardiente cáliz para aquellos que se desgarran la piel y se tornan lobos... tantas caras tiene la Luna como amantes escondidos entre sombras. Muchos quisieron en todos los tiempos escalar la noche para alcanzarla con la punta de sus dedos estirados hacia el cielo y otros tantos lloraron su lejanía en el alfeizar de sus ventanas mientras el satélite derramaba sus delicados rayos sobre ciudades, mares y jardines, inundándolo todo de plata. Pocos, no obstante, fueron los que obviaron la magia de este cuerpo y contaminaron su grisácea superficie poniendo un pie sobre ésta. Y ella nunca protestó. Jamás alzó la voz para sentenciar al atrevido o calmar al condolido. Ella se quedó quieta y en silencio, menguando y creciendo y, a veces, para desazón de sus enamorados, desapareciendo del firmamento. Qué cruda se hace la noche tan oscura, sin esa luz mortecina alumbrando los recodos de esta infame Tierra. De cualquier manera, ella siempre está allí, la veamos o no, atendiendo a lo que aquí abajo ocurre.
Es por eso que solamente ella podía ver al protagonista de esta historia, una minúscula criatura que se valía de sus rayos, como si de hilos se tratase, para tejer los sueños de los mortales más jóvenes. Esa criatura era apenas más grande que un gato. No tenía patas, se movía arrastrando su panza en pequeños saltitos o apoyando sus manos de cien dedos en el suelo. Tenía un solo ojo que le cubría toda la cabeza; más le valía ser preciso en su ardua tarea de unir los hilos de plata y confeccionar los sueños, pues de lo contrario, las pesadillas más oscuras se sobrevendrían alimentando el miedo de los más pequeños y, era probable, incluso se asentaran fuertes fobias en sus vidas. Era el hilador un afanoso artista que no se contentaba con la normalidad de unos placenteros sueños y se esmeraba en dotar de mágica fantasía las noches de todos los durmientes. Pocos como él amaban tanto su trabajo. Sin embargo, toda luz tiene su contrapeso en la oscuridad y viceversa y no podía ser de otro modo que aquella criatura encontrara tarde o temprano su opuesto. Así pues, un día apareció la negrura, la sombra que ofuscaba los sueños deshaciendo lo tejido. Igual que el tejedor de sueños tejía fantasía, el deshilador arrebataba la luz de esas maravillosas telas y las convertía en pesados mantos de pánico, plagados de horribles espectros.
La Luna, impasible allá en las alturas, no podía hacer otra cosa que mirar con tristeza. El mismo semblante apagado con el que hoy mira el mundo es aquel con el que observaba en su órbita. Sintió como sus rayos se combaban, como se retorcían y acababan perdiéndose en la oscuridad de unas fauces temibles. El tejedor trató entonces de tejer más rápido, no dándose descanso y tomando su tarea con mayor diligencia que hasta entonces. Fue así que se convirtió en un ente nómada. En su afán de tejer sin descanso, hubo de correr alrededor del planeta para no perder ni uno solo de los rayos que la Luna ofrecía. Antes que se perdiera en el amanecer y mientras reaparecía al atardecer, el pequeño ser se arrastraba siguiendo la noche, huyendo del día. Y mientras, con menos brío y mayor eficacia, el deshilador, el creador de pesadillas, devoraba la luz y los sueños.
Era tanto el trabajo que tenía que hacer el pobre tejedor, que apenas sí tenía tiempo de recoger los hilos de plata. El tiempo para tejer fue menguando con tanta facilidad como lo hacía su amado astro. Se fue haciendo viejo y su velocidad fue también decreciendo. Aquella vida le estaba matando. Finalmente, sus pasos dejaron de ser tan veloces y el Sol acabó por pisarle los talones. Sintió las pesadillas más patentes y sus sueños más endebles. El rostro de la Luna, antes lleno de dulzura y amor, era el fiel reflejo de la tristeza misma. Cuando el tejedor murió, aquella cara jamás cambió. Por su parte, el creador de pesadillas rió tanto como pudo y colmó los sueños de los seres humanos con tantas crueldades como se le ocurrieron. Hasta que una intervención inesperada hizo que la voluntad de lo onírico tomase su propio camino. Así como la Luna tenía voluntad para alterar las mareas y provocar los más inverosímiles cambios en algunos de los moradores de la Tierra, también se pronunció a favor del pequeño tejedor fallecido. No pudiendo intervenir, impedida para actuar, simplemente forzó su brillo hasta el cansancio. La luz plateada que emitieron sus rayos fue más fuerte que la oscuridad y quemaron las entrañas de aquel ser ennegrecido por la maldad. Esas tinieblas se disiparon con la misma premura con la que habían aparecido. Sin embargo, ante la idea de que aquello podía haber salvado al pequeño hilador de sueños, su tristeza se hizo mayor que nunca y jamás su rostro volvió a sonreír. Se dijo que, cada vez que estuviera plena, brillaría más incluso que el propio Sol en honor de la pérdida de aquel que tomaba sus hilos. Ya que los sueños habían perdido un conductor, ella misma haría que su luz inundase cada rincón de cada casa para alimentar así los sueños de los dormidos. Ya nunca más hubo un hilador ni un deshilador y ese campo de oníricas poesías, de imágenes y ensoñaciones aprendió a cultivarse solo, con la única ayuda de esos mágicos rayos, regando con su luz la semilla de un lugar mejor.
Es un placer para mí presentaros hoy la obra de esta autora a la cual leí por vez primera años atrás en las páginas de Tus Relatos. Desde entonces ha llovido mucho y todos, creo, esperábamos ansiosos el lanzamiento de algo tangible a lo que agarrarnos, una lectura que pudieramos tocar. Por fin, eso se hizo real y Claudia nos hace el regalo de su obra, retazos de su alma separados en una mini trilogía conectada entre sí. "Desde el penúltimo rincón de mi espejo" se divide en tres partes, como decía: epístolas y relatos, poesías y reflexiones. En cada uno de sus escritos se advierte que se nos desnuda sin tapujos, enseñándonos a la Claudia que duerme tras las letras. Su alma inquieta se desvela a cada página, unas veces con desasosiego, otras con ternura, pero siempre con extrema sinceridad y una claridad diáfana. Es sobre todo en las epístolas, muchas de ellas dirigidas a la figura de su padre Franz o provinientes de él, y en las poesías donde su sensibilidad sale a flote, pues aunque en las reflexiones no se opaca, éstas son más profundas y menos individuales, más dirigidas al lector en general que a alguien en concreto.
Yo, personalmente me quedo con las leyendas que esta autora incluye en su libro. Me parecen unos relatos de una prosa magnífica y cargados de una fantasía sublime. Se compartan o no las teorías de la escritora, lo que está claro es que su amena lectura no dejará a nadie indiferente. Ahora ya solamente toca esperar su próxima novela que aún se encuentra en el horno. Mi más sincera enhorabuena a la autora y a todos vosotros un fuerte abrazo.
Para todos aquellos que estén interesados en adquirir el libro, pueden hacerlo enviando un correo a Claudia Bürk a la siguiente dirección: claudia@claudiaburk.com
Con cierta demora me acerco a vosotros para daros una buena noticia, la de un nacimiento, un niñito que verá la luz de manos de Bubok y que será uno de los pilares de la web de Horror Hipano o H-Horror, veáse como se quiera. Hablo del primer número del fanzine que dará soporte físico a lo que en esta web se viene escribiendo y que tiene un origen reciente también.
Para este primer número del fanzine se ha hecho una selección, previa votación de los lectores de la web, de los relatos más destacados. Tengo la suerte de que uno de esos relatos sea el mío, "el camino de los condenados", pero más suerte que esa es la de compartir páginas con autores tan grandes como mi buen amigo Javier Pellicer de Tierra de Bardos, al que he prometido (ambos nos prometemos, porque soñar es gratis) que algún día compartiremos feria o stand firmando libros, jejeje. Pero no sólo Javier se encuentra entre las letras de este fanzine cuyos ingresos se destinarán a un futuro premio literario, sino que comparto cartel con el propio Darío Vilas Couselo, creador de la web; Marta Abelló o Martikka, como la conocen algunos, autora del blog Los Manuscritos del Caos y de libros como Tilak el Sabio; María del Carmen Ramírez, a quién muchos conoceréis como Arwen Anne; Rafa Rubio, Anabel Areal o Rafael Guerrero son los tres que restan con quienes comparto este número inaugural. Con algunos comparto afición, amistad y admiración por la fantasía, los sueños, la imaginación y las letras.
Este es el primero de, espero, muchos números del fanzine de Horror Hispano. Aún no está a la venta, se encuentra en proceso de maquetación, pero sé de buena tinta que no tardará en aparecer para el deleite de todos. Como comienzo, pinta muy bien. Y bueno, dicho lo dicho, un fuerte abrazo a todos y feliz fin de semana.